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15 de agosto de 2018
10 DISCOS ESENCIALES – BOB DYLAN “STREET-LEGAL” (1978)
Ante nada aclarar que éste fue, es y será mi disco de Dylan “de culto” favorito por excelencia. Nombrar mis discos preferidos de Dylan me resulta tan imposible como hacerlo con los de los Stones. Considero a ambos artistas parte de una obra íntegra que poco tiene que ver con cada trabajo en particular, por lo que a cualquiera que se le ocurra preguntarme esto alguna vez, no me quedará más remedio que decepcionarlos y cerrar el diálogo con una cálida sonrisa. No es fácil elegir discos predilectos de uno, pero sí siempre vale la pena hacer el esfuerzo y entonces referirse (reitero, a regañadientes) a esos que más te marcaron, con los que creciste o seguís creciendo y, más específicamente, esos que nunca pero nunca pudiste dejar de escuchar desde aquella primera vez en que los descubriste. Así las cosas, descubrí a Street-Legal (un juego de palabras que determina cuando un vehículo cumple con los requisitos necesarios para circular por determinadas calles, sobre todo en las zonas más transitadas y/o comerciales de las grandes ciudades) apenas terminaba la escuela primaria, apenas unos años después de su edición original. Porque si de algo me enorgullezco es de haber empezado a escuchar música muy prematuramente, lo que me permitió sacar cierta ventaja y ganar mucho tiempo a la hora de poder disfrutarla. A lo que agrego que, dentro mi eterna fascinación con las canciones, sus creadores y su contexto (que me resultan tan necesarios para sobrevivir como la alimentación, e incluso diría más), también se me torna muy difícil explicar esto de las emociones que te pueden producir. Por eso, para empezar a hablar de este disco hay que referirse primeramente a las emociones. Porque es ante todo un disco que apunta a los sentimientos más profundos, potenciados por un Dylan que decide desnudar su corazón tras varias tormentas amorosas (si bien no tanto como en discos como Desire o, claro, Blood on the Tracks, su más claro ejemplo) Y si es por referirse a la emociones, ¿quién mejor que uno de los letristas más destacados de todos los tiempos para plasmarlas? Por si todo esto fuera poco, Dylan también se ocupó de acompañar esa catarata de sentimientos, por momentos de los más desgarrados que puso sobre una hoja, con sonidos de belleza irrestricta. Fiel a su estilo de ir contra la corriente, y en plena era “disco”, Dylan arremetió con un trabajo sin precedentes en su carrera. Y recurriendo a buena parte de la “creme de la creme” de los sesionistas que pudo encontrar para la ocasión. Nunca antes se escuchó tanto saxo y trompeta en ninguno de sus trabajos, ni siquiera de cerca, que en Street-Legal cumplen un rol fun-da-men-tal, y son esos instrumentos entonces, sumados a los bellísimos coros gospel a través del álbum (¡por Dios!, nunca mejor dicho…), que convierten a su disco No. 18 en un trabajo esencial. Y que deliberadamante habrá apuntado a que tenga cierta difusión en las FM de aquella época, porque ese sonido así lo habilitaba. ¡Es que Dylan nunca cantó tan lindo! Desde el comienzo con la bellísima “Changing of the Guards” y toda su poesía bizarra (que llevó a muchos de sus fanáticos más fundamentalistas a complicarse la existencia tratando de decodificarla), el blues de “New Pony” (con un magnífico solo del guitarrista Billy Cross), “No Time to Think” (superando la barrera de los 8 minutos, y en ritmo de minué), y la hermosísima “Baby Stop Crying”. Pero el verdadero plato fuerte empieza con el lado B (porque soy un fiel defensor de la era en que los discos eran editados y planificados así) y “Is Your Love in Vain?”, que tal vez sea la balada más hermosa alguna vez compuesta (digámoslo así) y, a mi entender, con la más profunda de todas las letras del álbum (“Muy bien, me voy a arriesgar, voy a enamorarme de vos…¿Estás lista para arriesgarlo todo, o es tu amor en vano?”, y demás preguntas que muchos todavía seguimos haciéndonos) La segunda del lado 2 es “Señor (Tales of Yankee Power”), acaso la canción de más aproximamiento al período introspectivo religioso que Bob atravesaba por entonces, e inagurando la etapa que continuaría con los discos Slow Train Coming, Saved y Shot of Love. La catarata melódica sigue en “True Love Tends to Forget” y “We Better Talk This Over”, antes de cerrar con “Where Are You Tonight? que entre tanta letra dedicada a sus contrapartes amorosas, incluye su más claro guiño a la dualidad geminiana que tantó lo benefició como lo atormentó a lo largo de su existencia (algo que los geminianos entendemos muy bien) cuando dice “luché con mi gemelo, el enemigo interior, hasta que ambos caímos”.
Y un dato más: en lo posible sugiero conseguir la versión remasterizada que se editó en 1999, con un cambio radical en el sonido general del disco, y también con unos minutos más de duración sobre el final de “Changing of the Guards” como bonus.
Si amás Street-Legal tanto como yo, ya sabés que vamos a poder entendernos mejor…
20 de julio de 2017
BLUES DE LA CÁRCEL: EL EXTRAÑO CASO DE LEADBELLY, GUITARRISTA, CANTANTE, COMPOSITOR…Y ASESINO
Publicado en Revista Madhouse el 20 de julio de 2017

Si los epitafios rindieran auténtico honor a la vida y obra de quienes homenajean, si se refirieran a los hechos que marcaron la vida de éstos de manera fiel e innegable y al pie de la letra, la lápida que descansa sobre la tumba de Huddie William Ledbetter, enclavada en el suelo firme del cementerio de la iglesia de Shiloh, en las afueras de Shreveport, Louisiana, debería rezar algo así como “Aquí yace Leadbelly, Cantante, Guitarrista, Compositor y Asesino, 1885-1949” Teniendo en cuenta que quizás no hubiera resultado la descripción más indicada para acompañar a una tumba que, finalmente, descansa junto a un templo bautista, la inscripción “Una leyenda de Louisiana, Rey de las Doce Cuerdas” seguramente resultó más oportuna al momento de describir al más emblemático cantante y músico negro de folk americano de la historia.
Pero también la del hombre que asesinó a un tipo (en dos ocasiones, a falta de una), terminando en la cárcel por ello, para luego salir a pedir disculpas por sus actos en una canción, también en dos oportunidades. Eventualmente, la historia misma de Leadbelly, y paradójicamente, la crónica de quien también lograría convertirse en el artista más venerado entre los académicos blancos adeptos a un género musical que históricamente estuvo más asociado a ambos músicos y audiencias blancas. Nacido un 21 o un 29 de enero de 1885 o de 1888 o de 1889 (lo que jamás fue confirmado, y no es que importe mucho realmente) en la plantación Jeter de los alrededores de Mooringsport, en un territorio de pantanos del noroeste rural de Louisiana, cerca de la frontera con Texas, hijo único (se dice que tuvo cuatro hermanos) de un agricultor negro sometido por el terrateniente de ocasión y de una madre de ascendencia medio-india, en sus más de 60 años de existencia Huddie Ledbetter vivió básicamente dos vidas. La inicial, como alma errante, campesino, cantante de blues y prisionero en el sur rural estadounidense, herencia de su sufrida infancia, y una segunda como renombrado artista de folk, ya sea en estudios o sobre los escenarios, en el noreste urbano de su país de origen.
En su libro “The Life And Legend Of Leadbelly”, originalmente publicado en 1992, los autores Charles Wolfe y Kip Lornell han descubierto tanta información como les fue posible sobre los indocumentados primeros años del artista, un desafío que parecía imposible de lograr a más de un siglo de su nacimiento. Por aquellos años, Wolfe y Lornell habían realizado una profunda búsqueda a través de toda el área natal de Leadbelly y sus alrededores, rastreando a diestra y siniestra todo posible detalle inédito hasta ese momento, o bien completamente desconocido, hasta lograr plasmar su verdaderos orígenes, en el que seguramente fue el aporte más fundamental a una biografía que, si bien para entonces se encontraba bien documentada, aún carecía de los datos que, a lo largo de una extenuante tarea de investigación, ambos autores lograron plasmar como nunca antes se había conseguido.
EL CORAZÓN MIRANDO AL SUR. Leadbelly (o Lead Belly, “panza de plomo”, como el mismo Ledbetter había optado por bautizarse por entonces) divagó a través del Deep South estadounidense, el así llamado ‘Sur Profundo’, históricamente representado por los estados de Carolina del Sur, Alabama, Mississippi, Georgia, Luisiana y Florida) desde los 16 años de edad, durante los tiempos de la Gran Depresión, absorbiendo un extenso repertorio de estilos y canciones –básicamente blues, canciones de cowboy y baladas de folk, o negro spirituals– al mismo tiempo que se desempeñaba como agricultor, o bien en su rol de sharecropper (aparcero), esto es, el agricultor que le paga la renta a su terrateniente mediante la ganancia obtenida al explotar la tierra que le fue brindada. Tras haber aprendido a tocar guitarra y acordeón desde muy temprana edad, fue para esos días que Leadbelly causó el primero de sus escándalos (lo que podría considerarse apenas un pormenor, en comparación a los hechos que marcarían su vida posteriormente) al tener su primer hijo a los 15 años de edad, y por si todo esto fuera poco un segundo vástago el siguiente año, situación que lo llevó, con prácticamente la sociedad entera de Mooringsport en su contra, a abandonar su hogar de origen, trasladándose a la ciudad de Shreveport para ganarse la vida como trovador callejero y continuar su periplo tejano en Fort Worth, llegando incluso a convertirse en lead boy (guía, protegido y compañero) del gran Blind Lemon Jefferson, uno de los más destacados e influyentes cantantes y guitarristas de blues rural de la década del ’20, y junto a quien aprendería a dominar la guitarra de doce cuerdas, que más tarde le valdría su legendario mote como “rey” de ese instrumento.
Para entonces su temperamento volátil lo había llevado a ganarse más de un problema con las autoridades y fue entonces que en 1915, tras ser acusado de golpear brutalmente a un hombre y portar una pistola, que fue sentenciado a cumplir condena como miembro de un chain gang (grupo de prisioneros que comparten la misma cadena) en el condado de Harrison, estado de Mississippi, del cual logró huir exitosamente para acabar refugiándose en el campo de trabajo de sus padres en su Mooringsport natal. Papá y mamá Ledbetter, no conformes con el comportamiento de su hijo, decidieron enviarlo a New Orleans, ciudad donde, con la intención de evitar ser recapturado y pasar lo más desapercibido posible, adoptó el seudónimo de Walter Boyd, mientras continuaba alimentando su fama de mujeriego empedernido, acompañándose por un séquito incalculable de féminas que asimismo le brindaban protección y sellaban su ansiado anonimato, al mismo tiempo que se jactaba de su dotes de amante incondicional, y ostentosamente declarando que podía cumplir tranquilamente con sus obligaciones amatorias con hasta ocho mujeres por noche. Inevitablemente sus problemas con la ley se harían presentes en una nueva ocasión, y a comienzos de 1918 debió ser encarcelado por segunda vez, cuando munido de un cuchillo y una pistola no titubeó al momento de ajusticiar al esposo de su prima, un tal Will Stafford, tras una pelea que tuvo lugar durante un viaje conjunto. Si bien Leadbelly mantuvo firmemente su inocencia, terminó siendo acusado de asesinato y sentenciado a 30 años de trabajo duro en los campos de la granja Shaw State, en Texas. Aún bajo el seudónimo de Boyd, Leadbelly cumplió con siete años de la condena y, tras escapar de la prisión, intentó ahogarse en un lago, pero fue nuevamente aprehendido y llevado a la penitenciaría de la ciudad de Dallas. De regreso tras las rejas, Ledbetter consiguió exitosamente ingresar una guitarra de contrabando al presidio, con la cual pasó la mayor parte de su tiempo libre cantando canciones para los guardias y demás prisioneros del penal, a quienes terminó encandilando con sus baladas folk y su encantador registro tenor al ejecutarlas. Tanto o más que a Pat Morris Neff, por entonces el mismísimo gobernador del estado de Texas, quien sorprendido por los rumores que apuntaban la fama que Leadbelly había logrado en prisión, no dudó en irlo a visitar. Una vez allí, maravillado por el talento del músico, terminó invitando a su familia entera y grupos de amigos a futuras visitas a la penitenciaría para juntos disfrutar del espectáculo del “cantante que dominaba la guitarra de doce cuerdas”. Oportunamente, a seis años de haber cumplido su condena, Leadbelly no tuvo mejor idea que escribirle una canción al gobernador en donde le clamaba perdón. Un Neff conmovido, que además de ser un hombre muy religioso no pudo evitar tener en cuenta el buen comportamiento de Leadbelly tras las rejas, situación reforzada por la devoción de sus compañeros y guardias de cárcel, finalmente lo liberó. La canciónse titulaba “Please Pardon Me” (“Por favor perdóneme”)
UN NUEVO TROPIEZO. Inevitablemente la novela negra de Huddie Ledbetter sumaría un nuevo capítulo tras aquel final feliz del la temporada anterior, y cinco años más tarde, tras otra reyerta en la cual insistió que seis hombres habían intentado robar sus provisiones de whisky, Leadbelly acabó hiriendo gravemente de arma blanca a uno de los hombres, infligiéndole severos daños cerebrales, hecho por el que fue imputado por intento de homicidio y confinado a cumplir una condena de 10 años en Angola, la prisión estatal del estado de Louisiana. Sus esfuerzos de rebajar la acusación a la que fue sometido resultaron en vano, y una vez que las autoridades supieron del encarcelamiento previo que había cumplido, se le quitó toda posibilidad de liberación temprana. Por aquellos días Ledbetter ya había ganado el apodo que lo perpetuaría a través de la historia, cuando sus compañeros de celda sellaron su seudónimo definitivo en una suerte de combinación entre las tres primeras letras de su apellido y un homenaje a su fortaleza física y los avatares de la convivencia en las cárceles (“Lead belly”, o “panza de plomo”).
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| John Avery Lomax |
Si bien Leadbelly mantuvo que su nueva excarcelación -aún cuando meramente había cumplido el tiempo mínimo de su condena- también había tenido que ver con lograr conmover al gobernador de Louisiana Oscar K. Allen (como indiscutiblemente lo había logrado años atrás con el estimado Neff en Texas), lo cierto es que obtuvo su libertad tras pagar una fianza de bajo costo. Asimismo un oficial de la prisión negaría que la liberación de Leadbelly hubiese tenido algo que ver con el hecho. Endulzamientos aparte, en cualquiera de sus versiones el hecho marcaría inexorablemente el punto de despegue de Huddie Ledbetter a su carrera artística como tal, más exactamente a partir del instante en que Lomax lo presentó a las audiencias de EE.UU. de los 30 y los 40 a través de sus diversos escritos y grabaciones para la Biblioteca del Congreso.
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| Alan Lomax |
De vuelta al ruedo, Leadbelly se mudaría al estado de Connecticut para matrimonio con una tal Martha Promise (el apellido de la novia no podía haber sonado más peculiar a esta altura de las circunstancias), a quien había conocido originalmente en sus años en Louisiana, y cuya ceremonia de casamiento les valió una gran publicidad en los medios locales. Adicionalmente Leadbelly comenzó a grabar para la ARC (American Record Corporation) y una vez más para la Biblioteca del Congreso, pero las ventas de sus discos fueron extremadamente pobres, y su nueva apuesta al estrellato pasó sin pena ni gloria. En rigor, la ARC solamente había editado cinco canciones de las cuarenta que Ledbetter había registrado originalmente, además insistiéndole en que grabara únicamente canciones de blues, en lugar de las canciones de folk que le habían valido, hasta no mucho tiempo antes, una sorpresiva fama a nivel nacional. Leadbelly volvió a ser puesto tras las rejas en 1939, esta vez en la prisión de Riker’s Island, tras atacar a un hombre y acuchillarlo en dieciséis oportunidades, para cumplir una condena de un año. Acusado de “ataque en tercer grado” y con 51 años de edad, su tour penitenciario parecía no tener fin. Fue nuevamente puesto en libertad luego de cumplir ocho meses, cuando retornó a New York para encontrarse con una comunidad folk local que crecía a pasos agigantados, como nunca antes había sucedido, y en la que, en un nuevo esfuerzo, intentó establecerse como un auténtico artista profesional, logrando una cálida bienvenida de los militantes de izquierda afectos al estilo, para eventualmente codearse con artistas de la talla de Woody Guthrie y Pete Seeger, o músicos de blues como Sonny Terry, Brownie McGhee y Josh White, quienes para entonces formaban parte de agrupaciones folk como People’s Songs o The Almanaque Singers, que reivindicaban la lucha obrera. De esa forma, Leadbelly se subió al escenario en actos políticos y sindicatos, ganándose el afecto del público con letras de canciones como las de “Bourgeois Blues” o “Scottsboro Boys”, de neto corte de protesta. Fue también para esa época cuando plasmó sus primeras grabaciones para Capitol Records y RCA Victor. Su alto timbre vocal y su estilo percusivo a la hora de ejecutar la guitarra le valieron el título de “rey de la guitarra de doce cuerdas”.
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| Leadbelly y su esposa Martha Promise |
LOS ACORDES FINALES. Pero su nuevo intento de estabilizarse profesionalmente se vio nuevamente malogrado cuando en 1949 su salud comenzó a deteriorarse sistemáticamente. Leadbelly pudo haber resistido un número de procesos legales incontables, cuatro encarcelamientos, maltratos y penurias de todos los colores imaginables, glorias y fracasos meteóricos, pero el “rey de las doce cuerdas” no pudo librar la batalla contra el mal de Lou Gerhig (o esclerosis lateral amiotrófica), enfermedad degenerativa neuromuscular que le fue diagnosticada mientras se encontraba de gira por Francia ese mismo año. Lidiando infructuosamente con los trastornos diarios de su nueva afección, y con sus piernas adormecidas, Leadbelly debió dejar su nuevos anhelos de fama de lado -había sido uno de los primeros artistas de folk y blues en lograr fama en Europa- y obligado por las circunstancias que lo aquejaban, retornaría entonces a su país de origen, donde moriría el 6 de diciembre en el Hospital Bellevue de la ciudad de New York, a los 61 años de edad.
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| Leadbelly tocando en Nueva York, circa 1940 |
Los diversos homenajes y adaptaciones de las canciones de sus composiciones se sumarían año tras año, era tras era, siendo eternamente versionado por una lista interminable de artistas, y de los más diversos géneros: Brian Wilson, Johnny Cash, Bryan Ferry, Tom Waits, Nat King Cole, Jerry Lee Lewis y Frank Sinatra (con ‘Goodnight, Irene’), Elvis Presley, The Beach Boys, The Pogues, Johnny Cash (con ‘Cotton Fields’), Creedence Clearwater Revival (con ‘Midnight Special’, ‘Cotton Fields’), Pearl Jam (con ‘Yellow Ledbetter’), Nirvana (con ‘Where Did you Sleep Last Night?’), Led Zeppelin (con ‘Gallow’s Pole’), Tom Jones, Nick Cave and the Bad Seeds (con ‘Black Betty’), Little Richard, Johnny Cash (con ‘Rock Island Line’), Eddie Cochran, The White Stripes (con ‘Boll Weevil’) y hasta ABBA (con ‘Pick a Bale of Cotton’)Según las palabras pronunciadas por Pete Seeger en ocasión de la ceremonia de inducción de Leadbelly de 1988 en el Rock and Roll Hall of Fame, “es uno de los tantos casos de música negra que se hace famosa por gente blanca. Resulta toda una tragedia que Leadbelly no haya vivido seis meses más. De esa forma todos sus deseos como artista se hubieran hecho realidad”.
LA DEUDA ESTÁ SALDADA. Con la edición de “Leadbelly: The Smithsonian Folkways Collection”, la primera caja compilatoria de la obra de Leadbelly y cumpliendo así con una deuda que permanecía pendiente, el pasado mes de marzo el sello Smithsonian/Folkways lanzó este boxset de CDs con las últimas grabaciones registradas en 1948 (hay 16 tomas hasta ahora inéditas), más un libro de 140 páginas; la colección reúne prácticamente la totalidad de la obra registrada por Leadbelly en estudios. A casi siete décadas de su desaparición física, la caja resulta ser la primera obra retrospectiva sobre uno de los músicos más significativos del siglo pasado.
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2 de junio de 2017
CUENTOS CHINOS: THE MASKED MARAUDERS, LA BANDA GENUINAMENTE FALSA DE DYLAN, JAGGER Y TRES DE LOS BEATLES
Publicado en Revista Madhouse el 2 de junio de 2017
Se trataba del más grande disco de rock alguna vez grabado, a cargo de un supergrupo que congregaba a una buena parte de los hijos pródigos más prominentes del estilo, o bien a los más predilectos de la era. Un conglomerado de estrellas inigualable e insuperable. En algún momento de 1969 John Lennon, Paul McCartney, George Harrison, Mick Jagger y Bob Dylan se reunían en privado dispuestos a plasmar la perla de las perlas, registrando “The Masked Marauders” (algo así como “Los Bandidos Enmascarados”), el álbum ultra-secreto que tejían en conjunto.
El mayor proyecto alguna vez imaginado, la superbanda definitiva, desde aquel momento y hasta la eternidad. Galardón que seguramente seguiría ostentando hoy día, si tan sólo hubiera sido verdad y no un rumor infundado vestido de broma de mal gusto. “Álbum del año”, tal como fuera etiquetado en las críticas de varias publicaciones de la época, las mismas que desconocían por completo el enorme sapo que estaban a punto de tragarse, “The Masked Marauders” no podría haberse editado en mejor coyuntura artística. Los Beatles ya habían lanzado “Abbey Road”, Jagger se disponía a editar “Let It Bleed” junto a los Stones, y Dylan volvía nuevamente al ruedo de la mano de “Nashville Skyline”. Corrían tiempos de gloria. Los rumores indicaban que los cinco músicos habían estado reunidos reservadamente en un ignoto pueblo canadiense, cercano a la bahía de Hudson, donde grabaron las canciones que, entre versiones de clásicos y nuevas composiciones especialmente escritas para el futuro berretín (¡y con semejantes autores!), llevarían al concepto de “supergrupo”, tendenciosa idea que había comenzado a florecer a mediados de la década del 60, a su punto más alto. Claro está, de haber sido real…
BAJO LA MÁSCARA. Los primeros comentarios sobre el grupo llegaron de manos de la publicación musical Rolling Stone, más precisamente en su edición del 18 de octubre de 1969. En aquel número de la revista, un periodista especializado que respondía al nombre de T. M. Christian (misteriosamente ignoto por ese entonces) se refería a “The Masked Marauders” como un álbum doble en el cual los cinco músicos participantes habían optado deliberadamente por escudarse bajo seudónimos, en el intento de evitar toda posibilidad de problemas legales con sus respectivas compañías discográficas. Asimismo Christian dejaba en claro ante sus lectores que su crítica apuntaba a un disco del tipo bootleg, esto es, una grabación conteniendo material enteramente inédito, aún circulando fuera del mercado comercial tradicional, y con miras a una edición oficial definitiva. Adicionalmente, el disco estaba producido por el gran Al Kooper, pianista de sesión que ya había trabajado con Dylan (aquel acompañamiento fundamental de órgano en “Like A Rolling Stone”) y fuera impulsor de los recordados Blood, Sweat & Tears.El disco abría con una versión de 18 minutos de “Season Of The Witch”, el clásico de Donovan, con Dylan en primera voz, e imitando cabalmente al autor original de la canción, seguida por Lennon a cargo de “Prisoner Of Love”, tema que cierta vez popularizaron, en sus versiones respectivas, Etta James, James Brown, Bo Diddley o Perry Como; luego Jagger y McCartney a dúo en “Masters Of War” (de Dylan), Lennon en primera voz en “The Book Of Love”, y todo culminaba con un grand finale titulado “Oh Happy Day”. Una segunda versión del álbum (las hubo en distintas variantes, y con diversos listados de temas) agregaba, o combinaba, demás rarezas como Lennon en “I’m The Japanaise Sandman”, McCartney en su canción favorita “Mammy”, Dylan en el clásico de doo-wop “Duke Of Earl” y Jagger en “I Can’t Get No Nookie”, la cual el cantante de los Stones había considerado “un nuevo clásico instantáneo”, según lo apuntado por Christian en Rolling Stone. El crítico cerraba su columna afirmando que el disco “es más que una forma de vida, ¡es la vida misma!”
LA GRAN ESTAFA DEL ROCK AND ROLL. Como no podía resultar de otra manera, dicha alianza generó una desenfrenada demanda por parte de los fans, que no veían la hora de tener entre sus manos semejante obra cumbre, que especulaba con su edición para generar mayor expectativas. Entre tanto Allen Klein y Albert Grossman, managers de los Beatles y Dylan, respectivamente, eran perseguidos incesantemente en busca de respuestas. Para entonces los Masked Marauders (“el supergrupo de tres de los Beatles, Jagger y Dylan”) ya rotaba en las principales emisoras radiales de Los Angeles y San Francisco y, días más tarde, el esperado disco colmaba finalmente las bateas de las disquerías, si bien en versión unitaria, situación que comenzó a causar cierta incertidumbre tras haber sido descripto como disco doble, y que sin embargo no evitó que se vendiera una nada despreciable cantidad de unidades que llegó a superar las cien mil copias. Y a engañar a los más de cien mil compradores que, sin siquiera sospecharlo, automáticamente se convertían en víctimas fatales de uno de los fraudes mejor confeccionados de la historia de la música popular. Fraude que no hubiera existido como tal si desde el vamos el tal T. M Christian no hubiese sido el seudónimo del que el reconocido crítico (y absolutamente real) Greil Marcus se aprovechaba para lanzar al ruedo la engañosa movida, tras extraerlo de la novela “The Magic Christian” del escritor Terry Southern, publicada en 1959.
CON UNA PEQUEÑA AYUDITA DE MIS AMIGOS (CONTRATADOS). Con un plan fríamente calculado, Marcus ya contaba en sus filas con el grupete de impostores que lo secundaban en su tragicómica coartada cuando tiempo antes se dirigió a California y, en la ciudad de Berkeley, contrató a un desconocido grupo que respondía al nombre de Cleanliness And Godliness Skiffle Band por la nada despreciable suma de 15.000 dólares, suma que había obtenido de la mismísima discográfica Warner Bros, que hasta había creado el sello subsidiario Deity para sumarse al ardid, y pura y exclusivamente para la ocasión. Para colmo los músicos de la Cleanliness and Godliness Skiffle Band (“Banda de Skiffle de la Higiene y Santidad”, je) resultaron ser unos expertos totales a la hora de imitar a la supuesta formación, tanto en lo musical como en la parte vocal. Y listo: el plan maléfico de Marcus había logrado su cometido. De hecho el disco había logrado excelentes ventas, permaneciendo en el ranking de la revista Billboard por más de doce semanas. Tal como si realmente hubiera sido procreado por sus hipotéticos maestros. Un grupo falso, con nombres falsos, sustentado por una crítica falsa, pero de auténtico éxito. ¡Bingo!
BAILANDO EN LA SOCIEDAD RURAL. No conformes con tremenda patraña (incluso casi superando aquel recordado murmullo sobre la muerte de McCartney que aún continuaba vigente tras la fresca edición de “Abbey Road”) , Marcus y sus secuaces fueron aún más lejos, reproduciendo la crítica publicada en Rolling Stone en la funda interior del álbum, a su vez potenciada por nuevos comentarios del amigo Christian (Marcus, claro) que definían a los Masked Marauders como “un artículo genuino en un mundo de farsantes, ¡bendíganse sus corazones!”. Pero no existía ningún Dylan imitando a Donovan, ni nada que se le parezca, ni había ningún Beatle, ni era Mick Jagger quien cantaba en “I Can’t Get No Nookie” (¿sinceramente podría haber tenido algún viso de realidad una canción titulada “No puedo echarme un polvo”?), a pesar de su magnífica y tan bien lograda parodia. Paradójicamente, y en un rapto de honestidad, el disco cerraba con una última pista (en rigor, un monólogo) bajo el nombre de “Saturday Night At The Cow Palace”. Un chasco más. No podía ser de otra forma con un título que refería a una jornada de sábado a la noche en el equivalente a la Rural californiana. 34 años más tarde, en 2003, la compañía Rhino Records ofrecía una edición limitada de 2000 copias numeradas bajo el nombre de “The Masked Marauders – The Complete Deity Recordings”, que hasta incluía canciones extras de las misteriosas sesiones.
Al menos para los Masked Marauders, y su círculo de engañados, cualquier semejanza con la realidad resultó ser pura mentira.
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26 de octubre de 2015
BOB DYLAN | DE REGRESO A LA CARRETERA 61
Publicado en Evaristo Cultural el 26 de octubre de 2015


Bob Dylan tiene a sus fans a maltraer. O muy bien acostumbrados. Según el lado desde el que se mire. En el primer grupo se alinean los que, con cada nueva edición de alguna de sus obras retrospectivas, se ven obligados a enfrentar terribles esfuerzos presupuestarios para hacerse de las piezas en cuestión. Y en el segundo, aquellos que se andan sin rodeos a la hora de entra en gastos. El cuadro de situación no le atañe exclusivamente a Bob y su engrosada fila de admiradores. Son varios los artistas que, en rigor, desde el advenimiento de la era digital (comandada por el inefable CD y su primo cercano el DVD), se han valido de estos manuables soportes para ofrecer productos a los que antes era casi imposible imaginar poder acceder. Pero es de alguna manera Dylan y su saga de Bootleg Series quien carga con la más suculenta de las canastas. Bob no es ningún tonto (ni tampoco lo es su compañía grabadora), y sabe que sus acólitos harán lo imposible para valerse de esas canciones inéditas o tomas alternativas que tanto los han desvelado con el correr del tiempo. Posee uno de los catálogos más amplios que puedan venir a la mente (aún en plena actividad y con una carrera que ya ha superado el medio siglo), y ha grabado tanto, pero tanto, que podría seguir ofreciendo material hasta el momento inédito por décadas. Para colmo, sus seguidores gozan de haber sido históricamente etiquetados como acaso los más fundamentalistas de todos, rastreando a diestra y siniestra todo registro musical que su eterno gurú haya plasmado cierta vez. Por lo que el material que integra cada uno de los lanzamientos de sus “series piratas” (para la ocasión de carácter aprobado oficialmente), lejos de aquellas grabaciones subterráneas que han circulado con el correr de los años, y ahora rescatadas directamente de los masters originales de estudio, representa unshot incuestionable de adrenalina. Y no hay mucho más que decir. El próximo 6 de noviembre verá entonces la edición de The Cutting Edge 1965-1966: The Bootleg Series Vol. 12 que, como su nombre lo indica, será el duodécimo capítulo en la saga de “piratas oficiales” inaugurada en 1991 (y que se inició conThe Bootleg Series Volumes 1-3, Rare & Unreleased, 1961-1991)
Podemos decir que cada uno de los lanzamientos resulta fundamental para todo aquel que se precie de estimar la obra del gran Bob, pero es en éste, su nuevo capítulo, en el que más se concentra en el desarrollo de de su sonido eléctrico a lo largo de dos años decisivos de la década del ’60, tras haber dejado atrás su etapa original de folk acústico (para reformar no sólo su carrera, sino también la del rock en general) y enfocándose en demos primitivos, canciones inéditas y tomas alternativas de uno de los períodos dorados de su vasta trayectoria. Aquel durante el cual, entre enero de 1965 y febrero de 1966, Dylan editó álbumes magníficos como Bringing It All Back Home, Highway 61 Revisited y el doble Blonde on Blonde, y que dejaron muchas de sus más grandes canciones como ‘Subterranean Homesick Blues’, ‘Mr. Tambourine Man’, ‘Like a Rolling Stone’, ‘Visions of Johanna’, ‘Just Like a Woman’, ‘Positively 4th Street’ o‘Desolation Row’. En fiel consonancia con el tipo de lanzamientos que suelen verse por estos días, The Cutting Edge 1965-1966: The Bootleg Series Vol. 12 saldrá a la venta en tres formatos distintos: una edición básica y muy económica en CD doble, una versión expandida de seis CDs (que agrega un libro de 120 páginas con fotografías poco conocidas y de objetos de colección de la época), una tercera incluyendo 3 LPs, y una cuarta versión monstruosa (una edición limitada de 5000 copias “para coleccionistas”) que presentará dieciocho discos, y que incluirá cada posible nota que Dylan haya registrado en estudios entre 1965 y 1966 (con un total 379 canciones), cada una de las tomas y letras alternativas, más las reproducciones de nueve singles en sonido mono con su arte de tapa original, además de grabaciones privadas que Dylan realizó durante su estadía en hoteles de Londres, Glasgow y Denver, a lo que se le suma un libro de tapa dura de 170 páginas, y todo por el módico precio de 599.99 dólares. Sin ir más lejos, solamente las sesiones de grabación de Like A Rolling Stone (¡hay 20 versiones diferentes!) ocupan la totalidad de uno de los discos que componen la caja.
The Cutting Edge 1965-1966: The Bootleg Series Vol. 12 es la tercera de las series piratas lanzadas en los últimos dos años, precedida por Another Self Portrait y The Basement Tapes Complete. “Siempre tuvimos la idea de editar un disco con material anterior a su primer álbum, de los días en que Dylan cantaba en las cafeterías de Greenwich Village”, aseguró una fuente cercana al músico. “Y también nos encantaría revisitar Blood on the Tracks, Infidels, Oh Mercy, y los discos que hizo de gospel”
La profanación sagrada de las bóvedas con material de archivo de uno de los artistas más significativos de todos los tiempos parece no tener fin. Mientras tanto, para los bien o mal acostumbrados, que sea Bob.
Podemos decir que cada uno de los lanzamientos resulta fundamental para todo aquel que se precie de estimar la obra del gran Bob, pero es en éste, su nuevo capítulo, en el que más se concentra en el desarrollo de de su sonido eléctrico a lo largo de dos años decisivos de la década del ’60, tras haber dejado atrás su etapa original de folk acústico (para reformar no sólo su carrera, sino también la del rock en general) y enfocándose en demos primitivos, canciones inéditas y tomas alternativas de uno de los períodos dorados de su vasta trayectoria. Aquel durante el cual, entre enero de 1965 y febrero de 1966, Dylan editó álbumes magníficos como Bringing It All Back Home, Highway 61 Revisited y el doble Blonde on Blonde, y que dejaron muchas de sus más grandes canciones como ‘Subterranean Homesick Blues’, ‘Mr. Tambourine Man’, ‘Like a Rolling Stone’, ‘Visions of Johanna’, ‘Just Like a Woman’, ‘Positively 4th Street’ o‘Desolation Row’. En fiel consonancia con el tipo de lanzamientos que suelen verse por estos días, The Cutting Edge 1965-1966: The Bootleg Series Vol. 12 saldrá a la venta en tres formatos distintos: una edición básica y muy económica en CD doble, una versión expandida de seis CDs (que agrega un libro de 120 páginas con fotografías poco conocidas y de objetos de colección de la época), una tercera incluyendo 3 LPs, y una cuarta versión monstruosa (una edición limitada de 5000 copias “para coleccionistas”) que presentará dieciocho discos, y que incluirá cada posible nota que Dylan haya registrado en estudios entre 1965 y 1966 (con un total 379 canciones), cada una de las tomas y letras alternativas, más las reproducciones de nueve singles en sonido mono con su arte de tapa original, además de grabaciones privadas que Dylan realizó durante su estadía en hoteles de Londres, Glasgow y Denver, a lo que se le suma un libro de tapa dura de 170 páginas, y todo por el módico precio de 599.99 dólares. Sin ir más lejos, solamente las sesiones de grabación de Like A Rolling Stone (¡hay 20 versiones diferentes!) ocupan la totalidad de uno de los discos que componen la caja.
The Cutting Edge 1965-1966: The Bootleg Series Vol. 12 es la tercera de las series piratas lanzadas en los últimos dos años, precedida por Another Self Portrait y The Basement Tapes Complete. “Siempre tuvimos la idea de editar un disco con material anterior a su primer álbum, de los días en que Dylan cantaba en las cafeterías de Greenwich Village”, aseguró una fuente cercana al músico. “Y también nos encantaría revisitar Blood on the Tracks, Infidels, Oh Mercy, y los discos que hizo de gospel”
La profanación sagrada de las bóvedas con material de archivo de uno de los artistas más significativos de todos los tiempos parece no tener fin. Mientras tanto, para los bien o mal acostumbrados, que sea Bob.
DISCO 1
- “Love Minus Zero/No Limit” (toma 1, acústica, incompleta)
- “Love Minus Zero/No Limit” (toma 2, acústica)
- “Love Minus Zero/No Limit” (toma 3, reversión acústica)
- “Love Minus Zero/No Limit” (toma 4, reversión eléctrica)
- “I’ll Keep It with Mine” (toma 1, demo en piano, previamente editada en ‘Biograph’, 1985)
6. “It’s All Over Now, Baby Blue” (toma 1, acústica, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 7’, 2005) - “Bob Dylan’s 115th Dream” (toma 1, acústica, incompleta)
- “Bob Dylan’s 115th Dream” (toma 2, acústica)
- “She Belongs to Me” (toma 1, acústica)
- “She Belongs to Me” (toma 2, reversión acústica)
- “She Belongs to Me” (toma 1, reversión eléctrica)
- “Subterranean Homesick Blues” (toma 1, acústica, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 1–3’, 1991)
- “Subterranean Homesick Blues” (toma 1, reversion eléctrica)
- “Outlaw Blues” (toma 1, acústica)
- “Outlaw Blues” (toma 2, eléctrica)
- “On the Road Again” (toma 1, acústica)
- “On the Road Again” (toma 4, eléctrica)
- “On the Road Again” (toma 1, reversión eléctrica)
- “On the Road Again” (toma 7, reversión eléctrica)
- “Farewell, Angelina” (toma 1, acústica, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 1–3’, 1991)
- “If You Gotta Go, Go Now” (toma 1, acústica)
- “If You Gotta Go, Go Now” (toma 2, eléctrica)
- “You Don’t Have to Do That” (toma 1, acústica, incompleta)
DISCO 2
- “California” (toma 1, acústica)
- “It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding)” (toma 1, acústica, demo)
- “Mr. Tambourine Man” (tomas 1 y 2, incompleta, con banda)
- “Mr. Tambourine Man” (toma 3, incompleta, con banda)
- “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry” (toma 1)
- “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry” (toma 8)
- “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry” (toma 3)
- “It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry” (toma 3, reversión)
- “Sitting on a Barbed Wire Fence” (toma 2)
- “Tombstone Blues” (toma 1)
- “Tombstone Blues” (toma 9, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 7’, 2005)
- “Positively 4th Street” (tomas 1 y 3)
- “Positively 4th Street” (toma 4)
- “Positively 4th Street” (toma 5)
- “Desolation Row” (toma 1)
- “Desolation Row” (toma 2, demo en piano)
- “Desolation Row” (toma 5, reversión)
- “From a Buick 6” (toma 1)
- “From a Buick 6” (toma 4, editada erróneamente en la primera versión del álbum ‘Highway 61 Revisited’, 1965)
DISCO 3
- “Like a Rolling Stone” (tomas 1 y 3)
- “Like a Rolling Stone” (toma 4)
- “Like a Rolling Stone” (toma 5)
- “Like a Rolling Stone” (ensayo)
- “Like a Rolling Stone” (toma 1)
- “Like a Rolling Stone” (tomas 2 y 3)
- “Like a Rolling Stone” (toma 4, editada en el album ‘Highway 61 Revisited’, 1965)
- “Like a Rolling Stone” (toma 5)
- “Like a Rolling Stone” (toma 6)
- “Like a Rolling Stone” (toma 8)
- “Like a Rolling Stone” (tomas 9 y 10)
- “Like a Rolling Stone” (toma 11)
- “Like a Rolling Stone” (toma 12)
- “Like a Rolling Stone” (toma 13)
- “Like a Rolling Stone” (toma 14)
- “Like a Rolling Stone” (toma 15)
- “Like a Rolling Stone” (toma de la cinta master, pista en guitarra)
- “Like a Rolling Stone” (toma de la cinta master, pista en voz y guitarra)
- “Like a Rolling Stone” (toma de la cinta master, pista en órgano y batería)
- “Like a Rolling Stone” (toma de la cinta master, pista en piano y bajo)
DISCO 4
- “Can You Please Crawl Out Your Window” (toma 1)
- “Can You Please Crawl Out Your Window” (toma 17, editada erróneamente en el single ‘Positively 4th Street’)
- “Highway 61 Revisited” (toma 3)
- “Highway 61 Revisited” (toma 5)
- “Highway 61 Revisited” (toma 7)
- “Just Like Tom Thumb’s Blues” (toma 1)
- “Just Like Tom Thumb’s Blues” (toma 3)
- “Just Like Tom Thumb’s Blues” (toma 13)
- “Queen Jane Approximately” (toma 2)
- “Queen Jane Approximately” (toma 5)
- “Ballad of a Thin Man” (toma 2, incompleta)
- “Medicine Sunday” (toma 1)
- “Jet Pilot” -(toma 1, previamente editada en ‘Biograph’, 1985)
- “I Wanna Be Your Lover” (toma 1)
- “I Wanna Be Your Lover” (toma 6)
- “Unknown Instrumental” – (toma 2)
- “Can You Please Crawl Out Your Window” (tomas 5 y 6)
- “Visions of Johanna” (toma 1)
- “Visions of Johanna” (toma 5)
DISCO 5
- “Visions of Johanna” (toma 7)
- “Visions of Johanna” (toma 8, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 7’, 2005)
- “Visions of Johanna” (toma 14)
- “She’s Your Lover Now” (toma 1)
- “She’s Your Lover Now” (toma 6)
- “She’s Your Lover Now” (toma 15, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 1–3’, 1991)
- “She’s Your Lover Now” (toma 16, piano)
- “One of Us Must Know (Sooner or Later)” (toma 2)
- “One of Us Must Know (Sooner or Later)” (toma 4)
- “One of Us Must Know (Sooner or Later)” (toma 19)
- “Lunatic Princess” (toma 1)
- “Fourth Time Around” (toma 11)
- “Leopard-Skin Pill-Box Hat” (toma 3)
- “Leopard-Skin Pill-Box Hat” (toma 8)
DISCO 6
- “Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again” (toma 1)
- “Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again” (ensayo)
- “Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again” (toma 5, previamente editada en ‘The Bootleg Series, Vol. 7’, 2005)
- “Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again” (toma 13)
- “Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again” (toma 14)
- “Absolutely Sweet Marie” (toma 1)
- “Just Like a Woman” (toma 1)
- “Just Like a Woman” (toma 4)
- “Just Like a Woman” (toma 8)
- “Pledging My Time” (toma 1)
- “Most Likely You Go Your Way (And I’ll Go Mine)” (toma 1)
- “Temporary Like Achilles” (toma 3)
- “Obviously 5 Believers” (toma 3)
- “I Want You” (toma 4)
- “Sad-Eyed Lady of the Lowlands” (toma 1)
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