
Así, el Gato continuó grabando música de forma incansable hasta 1982 (y con 35 álbumes registrados desde 1967 a esa parte), cuando tras una disputa con la compañía discográfica a la que pertenecía, se vio obligado a enfocarse únicamente en realizar conciertos para poder subsistir, un período oscuro en su vida donde no faltaron los coqueteos ocasionales con el alcohol y las drogas, y que se vio acrecentado tras verse afectado por la pérdida de su esposa en 1995 luego de 35 años de matrimonio, lo que lo llevó a enfrentar una cirugía coronaria al poco tiempo (y que le dejó un bypass triple), y a un eventual período de inactividad artística mientras pujaba por recuperarse mental y físicamente, combatiendo una seria depresión que incluso casi le produce la ceguera luego de sufrir una maculopatía severa. Aún con un estado de salud frágil, Barbieri continuó saliendo de gira, y hasta registró cuatro discos más, mientras desafiaba los embates que el destino le había puesto. Tradicionalmente escudado en su legendario sombrero fedora y sus clásicos lentes, el Gato siguió adelante presentándose mensualmente en el club de jazz Blue Note de New York a partir de 2013, la ciudad que lo había adoptado, si bien no grababa desde 2002, cuando lanzó The Shadow of the Cat, su trabajo en estudio final. Siete vidas más tarde, falleció el pasado sábado 2 de abril a los 83 años de edad en un hospital de la Gran Manzana, rigurosamente afectado por una neumonía demoledora, y tras sobrevivir a una nueva intervención cardiológica para extraerle un coágulo.“No me importa ser recordado”, declaró alguna vez tras ser indagado sobre el día de su desaparición física, pero desde aquí hacemos todo lo posible para que no sea así. No hace falta decirlo.