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24 de enero de 2017

ENTREVISTA: A 40 AÑOS DE AEROBLUS, ROLANDO CASTELLO JR. CONTINÚA BUSCANDO -Y TRAYENDO- LUZ

Publicado en Revista Madhouse el 24 de enero de 2017

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La historia de Pappo’s Blues pasaba una suerte de impasse artístico allá por mediados de 1976. Apenas unos meses antes la marcha de los tiempos había indicado que en Argentina se venían años muy oscuros y el ex Manal Alejandro Medina, que por esos días deambulaba por Brasil, recibía allí la visita de su colega Norberto Napolitano. Para entonces Medina ya había trabado relación con el baterista paulistano Rolando Castello Jr., quien poco antes había regresado de una de sus tantas estadías en el exterior y ahora, sin proyecto en vista, decidió aceptar la propuesta de los dos visitantes argentinos para formar una banda. Así fue el nacimiento de Aeroblus, banda con la que el trío llegó a editar sólo un álbum que por estos días se ha vuelto objeto de culto para la comunidad stoner local y que fue hace en su momento celebrado con una serie de conciertos en Buenos Aires que no fueron mayormente favorecidos por la crítica de la época…
A 40 años de esa coyuntura, Castello Jr. se encuentra de vuelta en Bs. As. (ciudad con la que logró familiarizarse tanto que hasta le enseñó a hablar un español casi perfecto, con todos los giros idiomáticos posibles del porteño básico imaginables) para celebrar sus 50 años en la música con un concierto en La Trastienda el próximo sábado 28 de enero que lo paseará por toda su carrera, esta vez además secundado por una larga lista de invitados que incluye a Medina, el ex Natas y actual miembro de Ararat Sergio Ch, su colega Tito Fargo, Gonzalo Villagra, Alejandro Taranto, JB y Pato Larralde de Saurón y demás amigos… Y tras la charla que tuvimos en exclusiva para MADHOUSE, todo indica que será rock.

¿Cuánto hacía que no venías a Bs. As? 
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Alejandro Medina, Rolando Castello Jr. y Pappo en 1977:
Aeroblus buscaba su camino
Desde 2010, generalmente vengo dos veces por año. La última vez que estuve aquí fue en septiembre del año pasado.

Pero esta vez no es cualquier visita, ya que vas a celebrar tu medio siglo junto a la música, y creo que que va a estar lleno.
No sé… ¡Dios te oiga! (Risas)

LO EFÍMERO Y LO PERMANENTE
Algunos se refieren a Aeroblus como un proyecto efímero paralelo a Pappo’s Blues que se dio en un momento en que el destino del grupo era un poco confuso. ¿También lo considerás así?
No sé si paralelo. Sé que en verdad -y lo estoy diciendo por mí, no sé lo que pasó por la cabeza de Pappo- yo tenía la intención de hacer algo realmente distinto con él y con Medina, probar suerte. El problema es que en aquel momento la situación no era propicia aquí en Argentina. Porque empezamos con eso de Aeroblus prácticamente el mismo año del golpe militar; hicimos muy buena música, pero como después había que esperar mucho tiempo hasta que salga el disco, regresé a Brasil y no volví. Y entonces Pappo volvió a tocar con Pappo’s Blues, con Medina y Darío, que era plomo mío. Entonces quedó esa cosa de la “efimeridad”. Pero creo que la intención era hacer algo diferente a lo que él hacía en Pappo’s Blues, aunque infelizmente la suerte no nos sonrió en aquel momento. Incluso la música que hacíamos no era lo que sonaba. Por aquellos días se hacía mucha música progresiva en bandas como Crucis o La Máquina de Hacer Pájaros, y nosotros íbamos a contramano de eso. Incluso nos cargaban bastante con acusaciones tipo “cuadrados de mierda”, y esas cosas.

De hecho llegaron a tener críticas muy malas.
Muy negativas, exactamente. Y eso entonces hizo que… no digo que perdiéramos las ganas, pero fue todo una conjunción de factores negativos. La crítica, el momento político, el económico… Y sin dudas con el paso del tiempo terminó siendo algo efímero, ¿no?


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Con este disco se castigaba Pappo en los 70. ¡Qué talco!
En una época en la que estaba tan de moda el rock progresivo, ¿de dónde vinieron las fuentes de cada uno de ustedes para hacer un disco como el de Aeroblus? Incluso alguien lo había definido como un álbum “de heavy metal”…
No tiene nada que ver con el heavy metal. Yo lo veo más como un disco de hard rock, pesado, que incluso tiene baladas como “La Adivina”. Pero por otro lado tenés a “Sofisticuatro”, que es un tema medio jazz rock. La verdad, cuando empezamos a tocar, casi no escuchábamos música de otros. Pero en algún momento, sobre todo en la época que yo vivía en lo de Pappo donde me quedé casi un año, un día me fui a la discográfica, después que firmamos el contrato,  y me traje muchos discos. Estábamos escuchando mucho a Jeff Beck o a Return to Forever, mucha fusión, pero también escuchábamos “Teaser” de Tommy Bolin o “Technical Ecstasy” de Black Sabbath. Pero aunque parezca mentira el disco que más poníamos en la casa de Pappo era el doble de Peter Frampton, “Frampton Comes Alive”, que creo que era de su hermana. 

Que sigue siendo el disco en vivo más vendido de la historia.
Así es. Y es un muy buen disco. Muy buenas violas, bajo y batería. Pero en verdad no hubo algo que te pueda decir que nos haya influenciado para hacer el disco de Aeroblus. Teníamos un Winco en la sala de ensayo y siempre nos quedábamos escuchando música. Pero ya teníamos un repertorio armado.

¿Cómo llegaron a la decisión de dónde grabar el disco?
La cosa vino así. Pappo y Medina se volvieron a Buenos Aires, no recuerdo la fecha, habrá sido más o menos en agosto o septiembre del ’76… Y después hicimos el recital presentación el 6 de enero de 1977 en el Teatro Premier.

Es decir que se acaban de cumplir 40 años, y apenas unos días.
Es verdad. El problema es que no estuvo bien organizado, y nos quedamos un poco disconformes con los managers, y nos separamos. Y más o menos al mes nos enganchamos con otro manager llamado Luis Ciliberti, que en verdad manejaba cantantes. No manejaba rock. Y él fue quien nos logró el contrato con la grabadora. Fuimos a su oficina y nos dijo “les conseguí una audición con la Phillips”. Y yo le dije, “Pero si estoy con Medina y Pappo, ¡qué audición ni audición! O nos contratan o no nos contratan!”. Y él llamó a la discográfica y les dijo lo mismo, que no hacíamos audición, o firmábamos o no firmábamos. Entonces fuimos y firmamos. Y grabamos el disco muy rápidamente, en 2 o 3 días.

aeroblusaeroblusY el disco terminó editándose en mayo… Entonces el show fue cinco meses antes del lanzamiento del disco, lo que es bastante poco frecuente. Se dio al revés.
No recordaba eso, justo ayer me lo mencionaron también. Me quedé con la duda. No sabría decirte. Pero se ve que así fueron las cosas.

Alejandro Medina ya estaba en Brasil antes que Pappo llegara. ¿Cómo se habían contactado originalmente?
Bueno, conocí a Medina en Rio De Janeiro en 1974. Yo era fan de él, y me lo presentó una chica. Ella me había dicho que Medina solía ir a ese bar, entonces le pedí que si llegaba a aparecer esa noche, me lo presentara. Y el Negro finalmente fue, e hicimos amistad. Y él después se fue a Sao Paulo, y nos vimos allí también. Y dos años después de eso él vino a mi casa y me dijo que estaba viviendo con Norberto en una ciudad a 70 km. de la capital paulista.

¿Qué ciudad era?
No recuerdo exactamente, tendría que fijarme en mi archivo, pero creo que era en un lugar llamado São Miguel Paulista, cerca de Jundiaí.

¿Y qué hacían en el interior del estado, tan lejos de la ciudad?
Es que ahí los hospedó un amigo de Medina en una finca. Y al día siguiente me fui para allí y empezamos a ensayar, pero no ensayamos mucho tiempo.

¿Es verdad que ensayaban en un convento?
Medina dice que era una iglesia, pero no sé lo que era aquello, era una construcción bastante vieja. Era una finca inmensa, con una casa muy moderna.


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Histórica foto con no menos históricos afiches del histórico
show de Aeroblus en el teatro Premier
¿Cómo hicieron para conseguir los instrumentos, digo, estando tan lejos de la ciudad? 
Es verdad, es raro eso… El equipo de la guitarra era un twin reverb de Botafogo que Pappo había traído desde Buenos Aires. Y Medina ensayaba con un Marshall dorado, algo que nunca había visto. Debe haber sido de algún “riquito” de ahí que se lo había prestado. Y yo había llevado mi batería, y ensayábamos con eso. No teníamos equipo de voz. En general lo hacíamos de día.

Hablemos un poco del show debut en el Premier de aquel 6 de enero de 1977, que por entonces recibió bastantes malas críticas de muchos medios, sobre todo señalando que no habían ensayado suficientemente.
No, eso es una boludez. Estábamos súper bien ensayados, tanto es así que el disco fue grabado enseguida. Lo que pasó es que no les gustaba lo que hacíamos. La gente estaba con la onda de Emerson Lake and Palmer, La Máquina De Hacer Pájaros, etc. Pero si leés una crítica del diario Clarín sobre el show, esa fue muy buena. Muy sincera y correcta, muchos elogios. Pero en verdad quienes nos cagaron fueron la revista Pelo y el Expreso Imaginario. Creo que la gente del Expreso después se arrepintió y nos hizo una nota de 3 o 4 páginas. Pipo (Lernoud) y Jorge Pistocchi eran muy buenos tipos. Deben haber mandado a algún boludo a hacer la crítica, y no le gustó. Pero la de Clarín estaba muy bien escrita y hablaba muy bien del concierto. Todavía tengo la nota guardada.

¿Entonces cuál creés que fue el problema en sí del show?
Creo que no tuvo mucha promoción, pusieron afiches recién 3 o 4 días antes. Y yo 40 años después hago la misma cagada. (Risas) ¡Hay que repetir los errores, señor!
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Aeroblus la rockea a fondo en el Premier: las críticas fueron dispares
Ok, pero al menos ahora no es época de dictadura.
Por suerte, no. Aunque ahora es la dictadura de la plata, antes era la de las botas y los fusiles. Pero hubo muchos problemas con la organización de aquel show. No sólo habían dividido las secciones para el público, sino que además eran dos presentaciones por día, y viniendo poca gente, de esa forma iban a venir incluso menos. Así iban a dividir al público. Ya para las otras fechas fue un solo show por día, y ahí se llenó. Fue un total de tres días, creo. Recuerdo que para el primero de los shows íbamos a tener una banda soporte que se llamaba Hidromiel, que creo que ni fueron, entonces metieron a Ricardo Soulé para hacer de telonero para el segundo y tercer día.

CERCA DE BRASIL, LEJOS DEL TERROR
¿Después de eso te volviste a Brasil? Tenía entendido que también estabas molesto con la situación política del momento en el país.
Iba de vez en cuando por unos pocos días a ver a mi familia, habré ido unas dos veces. Pero en una de esas veces que volví, justo Norberto se había casado y se había ido de luna de miel, y lógicamente a su regreso iba a ocupar con su señora la habitación que yo compartía con él, porque yo todavía vivía en su casa. Entonces entre que Pappo se había ido, yo que estaba solo, el disco que no salía y demás, decidí volverme a Brasil y esta vez me llevé la batería. Cuando llegué llamé a un amigo y le pregunté si tenía ganas de tocar, y ese amigo me llama a los dos días y me cuenta que Arnaldo Baptista (N. de la R.: el legendario ex integrante de Os Mutantes) está formando un grupo nuevo y quiere saber si me gustaría formar parte. Y yo le dije que sí, obviamente: ¡era como si me invitara a tocar Charly García! Y me quedé en Sao Paulo, y no volví más… Pero tenés razón, también pesó mucho en mi decisión la situación política de aquí, que era algo terrible.
Rolando Castello hoy: tal vez no tan Jr., pero rockéandola mejor que muchos pibes
Bueno, pero tampoco la de Brasil era muy buena…
No era buena, pero no era igual a la de acá. En Brasil no te paraba la cana por la calle. Aquí, el solo hecho de tener pelo largo era un problema. Por eso todos los chicos del rock usaban el cabello corto. La única vez que vi chicos de pelo largo fue una vez que había ido a tocar no sé si a Morón, o a Merlo. Aquí en el centro de Bs. As. no se veían. Yo mismo tenía que esconderme el pelo, porque te paraban todo el tiempo. En el concierto del Premier había un camión celular estacionado en la puerta del teatro, y se llevaron 30 0 40 chicos. Era un desastre.

El golpe militar había sido en marzo del ’76, no había pasado siquiera un año y ustedes estaban haciendo el concierto presentación del disco, cuando la dictadura estaba ya muy establecida… ¡Pavada de momento!
¿Viste? Elegimos el peor momento para formar una banda. ¡La máquina de matar gente ya estaba trabajando! Yo leía las noticias sobre lo que pasaba en Argentina en los diarios de Brasil: “pusieron una bomba en el auto del embajador de no sé qué”, “mataron a fulano o a mengano”, porque aquí no salían, y Pappo y Medina que me insistían para que venga. Y yo les decía que no podía porque tenía que ir al dentista. Ese tipo de cosas. Les mentía. Porque yo tenía miedo de venir a Argentina. Hasta que un día les dije la verdad. “Mirá Medina, es que las noticias no son muy buenas…” Pero él insistió. Así que confié en él y me vine. Pero aquí la cosa no estaba nada bien. Tampoco es que en Brasil éramos los paladines de la libertad…

Me imagino…
Aparte hubo una noticia muy fea. El 24 de marzo del ’76, el día del golpe, estaba tocando Vinicius De Moraes en Buenos Aires y su tecladista, Tenorio Jr., había salido del hotel para comprar puchos, y nunca más lo vieron. Y esa noticia fue muy difundida en Brasil. ¡Había desaparecido unos de los músicos de Vinicius! Lo debe haber agarrado algún patrullero. Tenía pelo largo y barba. Imaginate, barba y pelo largo: comunista. Y hablando portugués, habrán pensado que hablaba en lengua soviética. Y el tipo desapareció. Y que yo sepa hasta el día de hoy no se sabe si apareció su cuerpo. Entonces todo eso repercutió muy mal en Brasil.

Un desaparecido extranjero en Argentina.
Uno entre varios. Pero es fue un caso muy conocido porque se trataba de un músico de Vinicius De Moraes, que no era ningún pelotudo. Vinicius era conocido mundialmente. Y además hay un dato extra, y es que Tenorio era hijo de un comisario en Brasil. Creo que hubo mucha intervención diplomática. La verdad que tuvo mucha mala suerte, porque fue justo el día del golpe.

aeroblus-patrulha_red_cover_front_jpgFue cuando volviste a Brasil y te integraste a Patrulha do Espaço. 
Sí, era Arnaldo y Patrulha Do Espaco. Y entonces grabamos y salimos a tocar. Los primeros recitales que hicimos fueron en septiembre del ’77, adiviná con quién…

¿Con quién?
Con León Gieco, Crucis, Nito Mestre y Los Desconocidos De Siempre, nosotros, y dos bandas de Brasil. Hicimos dos shows en Sao Paulo, uno en Belo Horizonte, y uno en Campinas.

¿Estuviste viviendo en México después de tocar en Patrulha do Espaco?
No, México fue antes de todo eso. Fue en el ’69. Yo tenía dieciséis años y vivía con mis viejos, y tuvimos que irnos para allí por cuestiones laborales de mi papá. Me fui para allá en diciembre de ese año, y tuve mucha surte porque conocí a un tipo que me puso a tocar con una banda de allá, y pude participar de todo ese movimiento del rock mexicano, que también era perseguido por la policía. En México había mucha libertad para los de afuera, recibían a todos los exiliados políticos, pero por otro lado era una dictadura disfrazada, porque el P.R.I., el Partido Revolucionario Institucional, estaba en el poder desde hacía 60 años. Y me quedé allí hasta el ’73. Después volví a Brasil y entré en una banda que se llamó Made In Brazil, que fue muy grande, con quienes grabé y toqué por casi dos años. Y después me fui a EE.UU. y cuando volví se armó Aeroblus. México es distinto a todo. Yo llegué allí y estaban todos los discos de rock, claro, estando tan cerca de los EE. UU…

Es como el caso de España e Inglaterra.
Así es, pero más cerca. Aparte estaban todos los equipos de música, cosa que no había en Brasil.

Y aparte había rock.
Y había rock. Marginalizado, pero había. Siempre digo que hice la escuela en Brasil, y la universidad en México. Porque fue realmente allí donde me profesionalicé. Por suerte hice mucha amistad con Alejandro Lora de El Tri, que era mi vecino. Fui como a cien recitales del grupo, y hasta terminé tocando con ellos durante un tiempo, porque su baterista había tenido un accidente.

Por lo visto también aprendiste muy bien a hablar español.
Sí, después de tres años en México, yo hablaba igual que ellos.

aeroblus-made-in-brazilA fines de los años 60 habías formado parte de un grupo llamado The Box junto a Guilherme Arantes.
Es que lo conocía desde que éramos muy chicos, y soñábamos con tener una banda. Cosas de pendejos, viste. Entonces hicimos ese grupo. La banda era buena, pero creo que nunca nos presentamos en público. Y Guilherme ahora es un grande en Brasil, es un tipo que vendió millones de discos. Es un gran compositor. Hace música linda, pero muy comercial. Y me di cuenta de que a él siempre le importó demasiado el éxito. Yo, por mi parte, nunca quise ser artista, siempre quise ser músico de rock, que es distinto. Porque él es cantante, y los cantantes son otra raza.

Y después están los bateristas, que son una raza aparte.
Los bateristas y los bajistas son razas inferiores… (Risas) Después sigue la raza superior, los guitarristas. Y la súper raza, que son los cantantes. Pero aún así, otros bateristas en Brasil y yo logramos llegar a destacarnos. Porque la escena siempre está dominada por los cantantes y los violeros.

¿Qué opinás de la escena del rock de Brasil?
El llamado “rock brasileño” es algo más de los años ’80, del ’83 para adelante. De diez bandas que tuvieron suceso, cinco eran de Rio de Janeiro. Pero las discográficas estaban en Rio. Y además otra cosa, la Rede Globo era de Rio de Janeiro. OK, nosotros teníamos a Raúl Seixas, pero si escuchás sus canciones, vas a ver que la mayoría de sus éxitos tenían violín, cuerdas, etc. Vamos a resumir la cosa: ustedes tenían a Norberto Napolitano, y nosotros no tuvimos eso. El blues en Brasil empezó a pegar fuerte recién en los años ’90.

Con bandas como Blues Etílicos…
Blues Etílicos, André Christovam… Hoy día debe haber al menos cien personas que hacen blues allí. No tiene mucha proyección en Brasil. Un amigo mío tiene una teoría que dice que el tango tiene mucho más que ver con el blues que el samba. También puede que se trate de eso. Y aparte allá existe una cultura nacionalista muy fuerte, por lo que el rock de Brasil y Argentina son muy distintos.aeroblus2010


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LO QUE VA DE AYER A HOY
¿Qué recordás de la reunión de Aeroblus en Bs. As. de 2010 con Medina y Chizzo?
Creo que fue en mayo. Si bien los conocía, en aquel momento no sabía la magnitud de los chicos de La Renga. Fue la señora de Medina que organizó todo.

¿Y ese show salió mejor que el del ’77?
Sin duda alguna. Porque Chizzo convoca mucha gente, es muy popular.

¿Es verdad que tenés una cinta con material en vivo de Aeroblus de aquellos primeros tiempos?
En verdad no es de ningún show. Es un ensayo. Un día antes de empezar a grabar el disco fuimos al estudio de la Philips en la calle Moreno. Armamos todo como si fuéramos a grabar y tocamos los temas para que los oyera el productor. Y todo lo que ensayábamos estaba siendo grabado en dos canales, en estéreo. Y yo no lo sabía. Y a los dos días, cuando realmente empezamos a grabar el disco, vino un chico que trabajaba en el estudio y me dio la cinta. El sonido es muy parecido al disco porque usamos la misma consola, que hoy día la tiene el Conejo Jolivet (N.  guitarrista surgido a la fama en Dulces 16), que la compró después. Son todas las canciones que aparecieron en el disco más un par de inéditos, todo en vivo, pero en vivo en el estudio. Permanece inédito, pero algún día habría que sacarlo. ¡Sacarme ese peso de encima! (Risas) Creo que sería justo para los fans. Pero es todo muy enquilombado. Si tenés algo parado, nadie quiere hacer nada. Y si te movés, todos quieren plata.

Castello, Sergio Ch y Villagra, haciendo un alto en la grabación del video para el tema “Sally Del Blues”, grabado en 2015

¿Cómo te llevás con estos tiempos dominados por la tecnología digital, y demás?
En verdad, la tecnología musical ayuda mucho, pero también perjudicó todo muchísimo. Rompió con todas las grabadoras, y así se terminó un sistema que venía de siempre. Sin las grabadoras, por ejemplo, no existiría Soda Stereo, ni Legiao Urbana

Pero independientemente de las grabadoras, antes de la era digital, cuando no existían las facilidades de hoy en día, había que esforzarse más para hacer un disco, y eso generaba mejores resultados.
Claro, si está todo el mundo haciendo discos, ¿quién va a comprarlos? La industria discográfica no existe más. El incentivo es que los chicos graban en su casa, lo meten en la internet y difunden su arte. Es como decía Andy Warhol, “En el futuro todos tendrán sus 15 minutos de fama”. Ayuda muchísimo, pero la humanidad es muy ignorante, porque tiene a su disposición una herramienta que nunca tuvo. Con la maquinita esa de mierda tenés el conocimiento de dos mil años, o más. 

aeroblus-caschEl acceso al conocimiento. 
El acceso al conocimiento, tal cual. Pero eso no significa que el tipo vaya a usarlo. Por ejemplo, el concierto que vamos a hacer aquí, ya lo grabamos en Sao Paulo y en Curitiba. Y ahora también vamos a grabar el de aquí, lo que era algo imposible en los 70. Entonces es algo muy bueno por un lado y muy malo por el otro. A nosotros no nos perjudica porque ya venimos de otros tiempos, pero los más jóvenes nunca van a tener acceso a lo que tuvimos nosotros. No pueden hacerlo de vuelta, no tienen cómo. No hay manera.


¿Qué podés adelantar del show en Bs. As. el próximo 28 de enero? ¿Va a ser el mismo repertorio que los de Brasil?
En Sao Paulo hicimos dos fechas. En la primera hicimos canciones de Patrulha, y al otro día hicimos canciones de Aeroblus, y de otra banda que yo tenía llamada Inox, que era más heavy metal. Incluso vino a tocar Medina. En Curitiba hicimos canciones en las que participé cuando vivía en esa ciudad, por lo que entonces el repertorio fue distinto a lo largo de los tres días. Y acá va a ser lo mismo… Vamos a hacer cosas que grabé con Tito Fargo y Alejandro Taranto, cosas que grabé con Sergio Ch. y Gonzalo Villagra, vamos a hacer algunos temas de Aeroblus con invitados, un par de Patrulha que grabamos con Pappo en Brasil, y también canciones nuevas de un nuevo proyecto que se llama CAsCH, con quienes ya tenemos un disco grabado que todavía no se editó. Es una mezcla de hard rock con progresivo. Después vamos a escuchar todo lo que grabamos en los conciertos de Brasil y el de aquí, elegir, mezclar, y editar algo… Tal vez sea un DVD, porque también estamos filmando todo.

21 de diciembre de 2015

DIEZ POSTALES DE SÃO PAULO

Publicado en Evaristo Cultural el 21 de diciembre de 2015

portada


1. Con un número que oscila los doce millones de habitantes, San Pablo no es solamente la capital del estado y ciudad principal de la región metropolitana del mismo nombre (región cuya población supera a la de la totalidad de Argentina), sino además la mayor de Sudamérica, disputándose el décimo puesto mundial entre Moscú y Beijing en el grupo de las megalópolis con mayor índice demográfico. Basta con salir a dar un paseo por el distrito céntrico para obtener un censo perfecto, adentrándose en un hervidero cosmopolita que, en términos multiculturales, bien podría llevarla a considerarse la New York del hemisferio sur americano. Circunstancia por la que no dudo en practicar mi deporte favorito cada vez que la visito, en rigor, el de disponerme a caminatas interminables, de esas que pueden llegar a extenderse por 20 km., convirtiéndome en una suerte de pacman de carne y hueso dispuesto a perderse a través de sus incontables recovecos. Y si encima a uno le toca arribar a la gran ciudad muy temprano, como resultó ser en esta última oportunidad (agreguémosle el hecho de verme obligado a hacer tiempo para el check-in del hotel hasta la media mañana), no queda otro chance que ponerse en marcha. Así las cosas, eran algo más de las 6 a.m. y São Paulo ya había despertado, aún lejos del momento preciso en el que, al son de una campana de largada imaginaria, el Centro se vería invadido de transeúntes y coches, como sucede religiosamente de lunes a viernes, y con horas pico de antología. Todo lo que apenas logro divisar es alguna que otra bandada de palomas jugando entre los edificios con las primeras luces del día, o aquel trasnochado de ocasión que perdió la brújula. En Brasil se suele usar la palabra “largo” (en portugués, “ancho”) para referirse a determinados espacios cuadriláteros desperdigados por sus ciudades, por lo que el Largo do Paissandú, uno de los puntos más característicos del Centro paulista, resulta ser el punto de partida ideal para mi madrugador reconocimiento del terreno (revisitado por enésima oportunidad), área coronada por la Igreja de Nossa Senhora do Rosário dos Homens Pretos (más conocida como Igreja dos Pretos, o Iglesia de los Negros), que fue inaugurada durante la primera década del siglo pasado, y cuyo amarillo furioso le da un toque de vivacidad a una San Pablo gris que, aparentemente, todavía le cuesta abrir los ojos. A sólo 1 cuadra de allí, tras desplazarme por la avenida São João, camino 100 metros hasta toparme con el Teatro Municipal de la ciudad, el equivalente a nuestro Teatro Colón, y que ahora luce un tanto derruido. Las principales peatonales de la zona (la Barão de Itapetininga, o la Dom José de Barros), también aparecen desiertas, con la excepción de un grupo de barrenderos en plena actividad, al igual que el Viaduto do Chá, el primer viaducto paulista de la historia, el mismo que unas horas después estará desbordado de gente, situación potenciada este noviembre por el boom de las compras navideñas, un hormiguero de concreto en constante ebullición. Pero el recibimiento no deja de resultarme placentero. La cara B de la historia: el viajero exquisito (que no es precisamente mi caso, ni siquiera remotamente) podrá incurrir en eso de sentirse algo sacudido al tener que presenciar la cantidad de mendigos apostados en la zona (una postal tradicional de la ciudad que pareciera vivir un in crescendo permanente), y que suelen agolparse en las calles del área hasta que el momento en que llega la marabunta de peatones y deben salir a procurar otro agujero. Es uno de los contrastes más notorios y característicos de la ciudad de las mil diferencias. En el grupo que pernocta frente al local de Casas Bahia hay un hombre de mediana edad que se incorpora para ofrecerme comprarle una tostadora antigua, o bien un aparato de teléfono que parece haber sido arrollado por un tren. No me animo a preguntarle. “Buen día, ahora no, gracias”, le suelto. “No hay problema, se lo guardo”, me asegura antes de retornar a su confortable posición horizontal. Buen día Sampa…
2. La chica del pronóstico del noticiero de la tele así lo confirma: este último noviembre fue el más lluvioso en la ciudad de los últimos 20 años. São Paulo está preparada para resistir toda posibilidad de inundación, al menos en su parte metropolitana, pero la llegada de una lluvia puede dar lugar a una serie de imágenes, por lo menos, poco familiares. A los paulistas no le gusta mojarse, por lo que la súbita aparición de la más leve de las garúas hace que los vendedores de paraguas florezcan en las calles en cuestión de segundos, literalmente. El grado de cataclismo se hace notar más en la Avenida Paulista, uno de los puntos turísticos más notable de la metrópolis, principal centro financiero de la ciudad, y el de más actividad comercial de Brasil, allí donde se concentra el flujo de dinero más potente del país. Los oficinistas corren y buscan refugio ante el incesante vendaval de meteoritos que pone sus ropas en riesgo, buscando amparo debajo del primer techo, o parapetándose en las estaciones de subte diseminadas a lo largo de la gran avenida, que no tiene nada que envidiarles a las de las naciones del primer mundo. Cuando la lluvia cesa, finalmente, el paulista suele asegurarse de que no sea una falsa alarma, para entonces sí volver a sus actividades cotidianas hasta una nueva aparición aterrorizadora de King Kong. La Paulista también es la avenida elegida por los manifestantes al momento de salir a protestar, como fue el caso en estos días de manos de un grupo de estudiantes secundarios que solicitaban cambios en la reforma estudiantil recientemente modificada por el gobierno estatal.
3. El Terminal Rodoviário do Tietê es la estación central de ómnibus de la capital. Tietê, como se la conoce coloquialmente, es la versión sobre ruedas del aeropuerto internacional de Guarulhos, el de mayor movimiento de América Latina, y de su hermano menor Congonhas, que se utiliza para vuelos de cabotaje. Localizada en al barrio de Santana (aquel que vio nacer a Ayrton Senna), la terminal Tietê debe su nombre al río de más de 1.000 km. de extensión que cruza el estado paulistano de este a oeste, y es su trecho más contaminado el que atraviesa la ciudad. La estación terminal es el punto de partida oficial a todos los destinos del país, alojando a cerca de trescientas compañías de bus, y con un tránsito continuo de aproximadamente tres mil vehículos que mueven a más de 90.000 personas día tras día, conectando a São Paulo con 1.033 ciudades de 21 estados brasileños y cinco países del hemisferio sur (Perú, Paraguay, Uruguay, Chile y Argentina), un monstruo de cemento que ofrece todas las facilidades para el viajero, y que también cuenta con su propio andén de estación de metrô (subte) incorporado. El metrô paulista data de 1968 y tiene cinco líneas de servicio, aparte de sus extensiones, que se distinguen por sus colores (azul, verde, amarilla, roja y lila), y que se pasean a lo largo de los casi 69 km. de red de subterráneos, con 61 estaciones, adonde llegan los 154 trenes que la recorren. Y que sólo paran por unas horas en el horario nocturno.
4. “Mientras Sao Paulo trabaja, Rio se divierte”, me dijo hace años un empleado de un bar paulista en estado de honestidad brutal. Pensé que era una frase histórica, pero en rigor nunca más la volví a escuchar, ni tampoco la encontré en Google. Mito o verdad, lo cierto es que el paulista lleva una vida agitada que lejos dista del relax, y que hace que el carioca pueda ser imaginado como un bañista que vive debajo de una palmera. Es un síndrome propio de las capitales, pero aquí la máxima resuena más fuerte. São Paulo ciudad carece de naturaleza (a excepción de los morros bajos que sólo aparecen en la periferia), o del inmenso Parque do Ibirapuera, que con sus casi 1.600 km. cuadrados es el primo lejano del Central Park neoyorquino, o de los bosques de Palermo. Es por eso que muchos de los habitantes de la ciudad abarrotan las rutas (principalmente la Rodovia dos Imigrantes), que en los fines de semana los llevan al litoral paulista y sus playas (entre las más populares, las de la isla de Guarujá), y tras pasar por Santos (ciudad natal de uno de los dos jugadores de fútbol más populares de la historia), los depositan en un contraste absolutamente opuesto a la cotidianeidad de cada jornada.
  1. En São Paulo sobran las ofertas culturales. El turista de turno suele elegir el MASP (pronúnciese “Máspi”), el Museo de Arte de Sao Paulo, como destino obligatorio, que posee una de las más destacadas colecciones de América Latina, o el Museo de la Lengua Portuguesa, o el de la Pinacoteca del Estado. Pero nada más interesante que las ferias callejeras, entre las que a ojo se destaca la de la plaza Benedito Calixto, localizada en el barrio de Pinheiros (a cuadras del hospital de Clínicas, el multicomplejo sanitario de la ciudad), y que tiene lugar todos los sábados. Partiendo del Centro, una caminata sugerida es la de tomar la avenida São Joao hasta la Ipiranga (sede de la histórica Praça da República o el Edifício Itália, el segundo más alto de la ciudad), para luego doblar en la Rua da Consolação (donde se aloja el cementerio más antiguo de la ciudad), pasarse por la avenida Rebouças, y seguir hasta la calle Teodoro Sampaio, para aterrizar en la feria de la plaza Calixto después de unas cuadras y sus decenas de puestos de antigüedades y objetos de colección. Y que nunca se suspende por mal tiempo.
  1. Con sus miles de restaurantes, São Paulo cuenta con una de las ofertas gastronómicas más variadas del planeta, que potencian su de por sí ya extensísima variedad étnica. No hace falta dejar la vida en uno de los tantos sitios caros a la hora del almuerzo o de la cena, ni tampoco ponerse a lavar platos. Como en prácticamente cualquier punto turístico brasileño, una simple parada en cualquiera de los millones delanchonettes alcanza y sobra para conformarse con su menú de pasteles o jugos. O acercarse al barrio chino en la vecindad de Liberdade. Pero cerca de la estación de subte Luz, en el Centro de la ciudad, se encuentra el Mercado Municipal. Más popularmente conocido como el Mercadão, con sus casi 80 años de historia, el Mercado Municipal llegó para reemplazar al antiguo Mercado Central paulista, especializándose en la comercialización de verduras, cereales, carnes, condimentos, tabacos, y todo producto alimenticio o de consumo diario imaginable. Teniendo en cuenta la interminable extensión de Brasil, y su desmedida variedad de productos, el Mercadão puede llegar a resultar irresistible. Pero nada como acercarse al sector de frutas. Son los mismísimos empleados que atienden sus puestos los que terminan abalanzándose sobre uno para tentarlo con probar las variedades más raras de frutos, en su mayoría provenientes del norte del país, o de la parte alta Sudamérica. Frutas exóticas, de esas que uno nunca vio. “Pruebe ésta, se llama pitaia, o Fruta del Dragón, es colombiana”, me dice. No me niego. “Ésta también, pero es la variedad roja” Tampoco me niego. “¿Y ésa no es la misma, pero amarilla?” “Sí, es la variedad amarilla, quiere probarla?” No quisiera incomodar al vendedor, me incomoda decirle que no. “¿Y esa ahí, la marroncita?” “Esa se llama sapoti, viene del norte, ¿la probó alguna vez”? “La verdad, nunca la probé” El puestero continúa cortando muestras de cada una de las frutas, y a mi lado hay al menos cuatro personas más que comparten la experiencia. “Y esa es la jabuticaba, y la de atrás se llama atemóia” “Conozco una que se llama chirimoya, no sé si será la misma…”, indago. “No, lachirimóia es aquella otra, tome, pruebe” No pienso resistirme a la invitación. Al fin y al cabo nadie lo obliga, y toda experiencia didáctica resulta bienvenida. “Y la de al lado se llama maracujá doce” “Maracujá, a esa la conozco, ¿no es la que dicen que tiene propiedades relajantes?” Y el vendedor que no para. “Gracias por todo, la verdad, le compraría algo, pero no soy de aquí y si las llevo, no tengo cómo mantenerlas” “No se preocupe, será otra vez, le dejo la tarjeta del local” Decido abandonar el Mercadão sin más lugar para la lujuria frutal, no sin antes intentar malcriarme un poco más con el bocadillo más insigne del lugar, y el símbolo culinario más arquetípico del mercado, el “sanduíche” de mortadela, una delicia que se disputan históricamente dos de los puntos especializados a la hora de engullirlo, el Bar de Mané y el Hocca Bar, pero las largas colas para adquirirlo me llevan a terminar desistiendo. Después de todo ya tuve mi oportunidad de probarlo en un viaje anterior, y tampoco quisiera que mi sistema digestivo, concluyo, entre en conflicto con la oferta frutal digerida, mientras que un vendedor de otro puesto de frutas cercano, bandeja y cuchillo en mano, me hace señas para que me acerque. “Gracias, pero tengo que irme” “No hay problema, le dejo la tarjeta del negocio, y también enviamos a domicilio…”
7. Lejos de los placeres y de las variadas ofertas de geografía simbólica que ostenta una de las diez ciudades más grandes del planeta, más allá de los paseos y de los barrios de Jardins o Higiénopolis, aquellos dominados por las clases altas de la sociedad paulista, São Paulo reúne una historia de marginalidad prácticamente indisputable. Una buena parte de su población pertenece a la casta más pobre y, con los permanentes devaneos sociales y económicos que son parte del folklore del país, el grado de sobrepoblación de la región marca una brecha eterna que no parece tener retorno, mayormente como parte de una coyuntura signada por el sainete político-económico que en el más reciente de los episodios, el caso de la Petrobras, dio como resultado un escándalo de billones, y que terminó avivando aún más el fuego de la opinión pública, que no para de quejarse desde el momento del recordado gasto desmedido de fondos nacionales con motivo de la última copa mundial de fútbol, y cuya sumatoria de hechos ha llevado al mismísimo pedido de juicio político de la presidenta Dilma Rousseff. Como en toda grande ciudad, el mayor de los problemas que atraviesa la población marginal paulista (y también en otras urbes del país, si bien en menor escala) es el del consumo de crack, que consagró a Brasil como el mayor consumidor de esa droga a nivel mundial. La situación se ha ido tanto de control que São Paulo cuenta con su propia área de adictos. Es la región que se conoce popularmente con el nombre de “Cracolandia”, y que se extiende principalmente por los barrios de República, Bom Retiro y Santa Cecilia (también parte del distrito céntrico paulista), donde los adictos al crack se han apoderado de edificios públicos abandonados, y que suman cientos de personas en situación de indigencia absoluta que pasan la totalidad de su tiempo viviendo entre basura, presas de un mundo irreal del cual no son conscientes, compartiendo su desgracia, y que en muchos de los casos son también víctimas del sida o la tuberculosis, constituyendo una ciudad dentro de otra sin límites, en todos los sentidos posibles.
  1. Definidas por el gobierno como “asentamientos subnormales”, y con su mayor preponderancia en la ciudad de Rio de Janeiro, São Paulo también tiene favelas, que están principalmente dispuestas en las zonas oeste y sur de la ciudad. Al contrario de Rio, cuya geografía permite que se ubiquen sobre las laderas de los morros que acompañan a prácticamente todos los barrios urbanos, las favelas paulistas se encuentran en la periferia metropolitana. Un fenómeno que comenzó a crecer a partir de la década del ’70, y con una trayectoria progresiva hasta nuestros días, que suman más de quinientos asentamientos, y con más de 70.000 favelados, resultando en el mayor de los contrastes de la capital paulistana.
  1. Monarca indiscutible de la “comida chatarra” paulista, el churrasco grego lidera el patrimonio de la oferta gastronómica callejera de la ciudad. Una disección ocular del producto en cuestión da como resultado un trozo gigante de carne (similar a una pata de jamón ibérico, pero a millones de años luz en calidad) que rueda en máquinas de metal distribuidas a diestra y siniestra en las calles de la ciudad (en puestos callejeros, o en las entradas de los bares), esencialmente en la zona céntrica. Así, el “churrasco griego”, con su grasa chorreante, representa la imagen viva del monumento perfecto de la gastronomía que se niega a todo posible intento de gourmetización. Según reza una página especializada, son tres los factores que pueden explicar la atracción por semejante bomba de colesterol: “el olor de la grasa derretida que vierte la carne y que inunda la calle, la velocidad en que es servido (que no supera los 30 segundos), y su bajo precio”. Por apenas 2 Reales (algo así como 10 pesos argentinos, o incluso menos, según la cotización del día), uno cuenta con la posibilidad de adquirir este manjar proletario, que también presenta su versión “a la vinagreta”, y que por el mismo costo también incluye un vaso de jugo artificial en cualquiera de sus cuatro versiones (naranja, púrpura, amarillo o rojo), según el grado de resistencia estomacal de las víctimas potenciales que lo solicitan.
10. El segundo rascacielos más alto de la ciudad (y de todo el territorio brasileño) responde al nombre de Mirante do Vale (o Mirador del Valle), con 51 pisos y 170 metros de altura, situado en el centro histórico paulista, hasta la fecha sólo superado por el Millennium Palace, en Camboriú, en el estado sureño de Santa Catarina. Pero a la hora de permitirse la mejor vista de la imponente urbe, la mejor elección recae en la Torre Banespa (o Banespão, el Banco del Estado de São Paulo, privatizado en el año 2000 junto al grupo Santander), la tercera más alta después del Edificio Italia. Con entrada gratuita, este ícono de la ciudad, erigido originalmente en 1939, e inspirado en el Empire State de New York (considerado al año siguiente la mayor construcción de cemento armado del mundo), tras un rápido viaje hasta la cima en uno de sus catorce ascensores, permite avistar São Paulo en 360 grados, y lograrle una condecoración visual muy a la altura (nunca mejor dicho), de las grandes metrópolis mundiales.