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9 de diciembre de 2017

DISCOANÁLISIS: LOS INTERMINABLES STONES Y SUS TRES AÑOS “EN EL AIRE”

Publicado en Revista Madhouse el 9 de diciembre de 2017



PACIENTE: Rolling Stones “On Air” (Interscope, 2017)

HISTORIA CLÍNICA:
Ahora que las bóvedas del tiempo finalmente se dignaron a parir, ahora que el reloj que no para de girar sigue acrecentando el pasado minuto a minuto, los Rolling Stones finalmente editaron uno de los lanzamientos más esperados de sus -hasta ahora- más de 55 años de carrera. Y no sólo para regocijo de sus fans. “On Air” viene a cumplir ese objetivo tan largamente soñado,  llenando uno de los tantos huecos que también habían quedado pendientes en la vastísima historia del rock y la música popular: editar oficialmente las sesiones de radio registradas para la BBC durante las etapas más prematuras de la banda. 
Si ya lo habían hecho los Beatles en 1994, o Led Zeppelin tres años después (tan sólo por nombrar las más recordadas), ¿qué esperaban los Stones para decidirse a brindarle oficialmente al público parte de todas esas grabaciones seminales y formativas? Con seguridad, mucho habrá tenido que ver el éxito logrado con “Blue & Lonesome”, su más reciente trabajo de estudio, una colección de covers de blues registrados de manera cruda y directa en apenas un puñado de días, lanzado en diciembre del año pasado y que terminó tomándolos por sorpresa. “Ya estoy esperando a que salga el segundo volumen”, sugirió Keith Richards al respecto en aquellos días. Y entonces todo podría indicar que tal vez ésta sea la respuesta a semejante interrogante. Indiscutiblemente esa secuela a la que Richards aludía está representada por “On Air”. Si “Blue & Lonesome” nos mostraba  a los Stones rindiéndole tributo a la música que los inspiró originalmente, el nuevo disco -que presenta material muy antiguo, paradójicamente- representa el primer lanzamiento legítimo de material en estudio y en vivo que el grupo grabó para la BBC entre 1963 y 1965, en instancias en que su ascenso a la fama comenzaba a dar señales más certeras, y también marcando aquel antes de que la sociedad compositiva de Mick Jagger y Keith Richard (que por entonces usaba su apellido sin la “s” original) comenzara a dar frutos. Y con Brian Jones en la banda, claro.
“En el momento en que lo hicimos, nos dijimos ‘¡Oh Dios mío, la BBC!’”, apuntó el guitarrista en una reciente entrevista para el diario L.A. Times. “Sólo queríamos ocultar el terror auténtico que teníamos. Había muchísima adrenalina”. Y a los hechos nos remitimos, entonces. Por aquellos años, el gobierno británico había instruido a las transmisoras que los artistas grabasen canciones diferentes para las emisoras de radio y de TV, o bien que las registren en vivo. Pero lo que podía ser una tarea extra para quienes tenían que someterse a esa política estatal, que claramente no formaba parte de sus agendas, acabó siendo una gran oportunidad para dejar una buena cantidad de nuevas tomas de muchos de sus grandes éxitos para la posteridad, o versionando canciones que, de otra manera, jamás hubieran alcanzado el vinilo. “La BBC quería que formemos parte de todo eso, y realmente no sabíamos por qué, o qué estábamos haciendo”, agregó Keith. “Tocábamos blues en bares, pero entonces metimos un disco en el Top 10, y de repente éramos la otra alternativa a los Beatles… Dios los bendiga. Lo primero que recuerdo sobre mi encuentro con la BBC es el tipo que estaba a cargo de controlar los micrófonos. Tenía un bigote enorme, como si fuera un oficial de la Fuerza Aérea Real británica, que me dijo ‘Si llegás a tocar ese micrófono, te decapito’. De todas formas yo no tenía idea de qué es lo que iba a hacer con el micrófono, pero tampoco es que él la tuviera mucho más que nosotros”.

Anticipado por un libro con un título de características similares titulado “Rolling Stones On Air In The Sixties: TV and Radio History As It Happened”, que detalla las presentaciones en radio y TV del grupo de 1963 hasta 1969, editado en noviembre, “On Air” (el vinilo, de tapa naranja) fue lanzado mundialmente el pasado 2 de diciembre,  reuniendo 18 canciones -a las que se agrega una edición deluxe con 16 más, de cubierta amarilla, y una tercera en vinilo doble del mismo color- todas ellas registradas en sesiones de radio para distintos shows que integraban la programación de la BBC desde 1963 a 1965 (“Saturday Club”, “Top Gear”, “Rhythm And Blues” y “The Joe Loss Pop Show”, entre otros), de las cuales ocho nunca fueron registradas o editadas comercialmente. Para la ocasión, todas las tomas fueron sometidas a un proceso de remasterización especial bautizado “separación de fuente de audio”, en el que los ingenieros de los estudios Abbey Road contratados para realizar el proyecto se encargaron de que cada porción del audio radial (esto es, voces e instrumentación) fuera separada de la mezcla original para luego ser reconstruidas y remezcladas en conjunto, de esa forma logrando un sonido final con más sustancia. Los resultados pueden llegar a ser llamativos para quienes escuchen las pistas por primera vez, pero no tanto para aquellos que conozcan la sesionografía de los Stones más en profundidad. ¿El motivo? Todas las canciones que integran “On Air” ya habían visto la luz en decenas de bootlegs (ediciones piratas, no oficiales) desde al menos mediados de la década del 70. Nada nuevo para ellos, entonces, salvo la leve pero no menos sustancial mejora en la calidad del sonido, 50 y pico de años después, remasterizado para la edición que nos compete.
“Cuando escucho las canciones”, continúa Richards, “siento que hay mucha energía y entusiasmo, y me dan ganas de ponerme a remixarlas. Pero en esa época no se remezclaban. Uno pensaba –creía, habiendo sido criado en Londres- que la BBC sabía lo que hacía. Y después cuando nos grababan allí uno descubría que no tenían la menor idea de cómo grabar a un grupo así. En aquellos shows uno no tenía noción de lo que los micrófonos estaban captando, y de cómo se iba a escuchar después en la radio. Sólo esperábamos que saliera lo mejor posible. Escuchándolas ahora, pienso que capturaron el espíritu de todo. Podría ponerme a discutir si Brian sonaba muy alto, o no, pero fuera de esas cosas, creo que es un disco fascinante” Y así lo demuestra la mayor parte del material incluido, aún cuando los expertos más avezados, aquellos ya familiarizados con las canciones gracias a esas grabaciones inéditas que habían circulado muchos años antes, puedan llegar a descubrir que las versiones de “Hi Heel Sneakers” y “Ain’t That Loving You Baby” no están completas, lo que podría ser una buena pregunta para los ingenieros detrás del proyecto. Muchas de las canciones suenan realmente oscuras, por lo que la comparación con las tomas que aparecieron originalmente en los piratas pueda resultar apenas simbólica (como en el caso de “Walking The Dog”, grabada para el programa “Saturday Club” de 1964), mientras que en “Little By Little”, del mismo año, la calidad del sonido es muy cristalina. Tanto o más que el sonido del bajo de Bill Wyman, o sus coros junto a Richard(s) y Jones, que marcan una gran diferencia respecto a los de las versiones que antes habían visto la luz extraoficialmente. Otras directamente pierden las introducciones originales de los anunciadores radiales, como en el maravilloso cover de Bo Diddley “Cops And Robbers”. Y agreguemos un detalle más: el listado de las pistas tampoco aparece en orden cronológico. Como dato de color, “On Air” cierra con el único instrumental grabado alguna vez por los Stones: “2120 South Michigan Avenue”, un homenaje deliberado a la dirección física de los legendarios estudios Chess de Chicago, acaso la factoría primordial de las canciones que inspiraron al grupo a convertirse en el fenómeno definitivo que fueron, son y, eventualmente, serán por siempre.

DIAGNÓSTICO: Nos encontramos con los Rolling Stones en su formación original con Brian Jones entre 1963 y 1965, en el período comprendido entre su homónimo álbum debut y “Out Of Our Heads”, cuando apenas promediaban los 25 años de edad. Aquí está finalmente la primera de las piezas que faltaba para empezar a completar oficialmente el álbum de figuritas perdidas de la banda, y auspiciosamente agregarán otros lanzamientos en la misma línea en un futuro, esperemos, muy cercano… Crucemos los dedos sin culpa, mientras tanto. El tiempo seguramente seguirá estando de su lado.






LISTA DE CANCIONES (versión original)
1. “Come On” (Saturday Club, 26 de octubre de 1963)
2. “(I Can’t Get No) Satisfaction” (Saturday Club, 18 de septiembre de 1965)
3. “Roll Over Beethoven” (Saturday Club, 26 de octubre de 1963)
4. “The Spider And The Fly” (Yeah Yeah, 30 de agosto de 1965)
5. “Cops And Robbers” (Blues in Rhythm, 9 de mayo de 1964)
6. “It’s All Over Now” (The Joe Loss Pop Show, 17 de julio de 1964)
7. “Route 66” (Blues in Rhythm, 9 de mayo de 1964)
8. “Memphis, Tennessee” (Saturday Club, 26 de octubre de 1963
9.”Down The Road Apiece” (Top Gear, 6 de marzo de 1965)
10. “The Last Time” (Top Gear, 6 de marzo de 1965)
11. “Cry To Me” (Saturday Club, 18 de septiembre de 1965)
12. “Mercy, Mercy” (Yeah Yeah, 30 de agosto de 1965)
13. “Oh! Baby (We Got A Good Thing Goin’)” (Saturday Club, 18 de septiembre de 1965)
14. “Around And Around” (Top Gear, 23 de julio de 1964)
15. “Hi Heel Sneakers” (Saturday Club, 18 de abril de 1964)
16. “Fannie Mae” (Saturday Club, 18 de septiembre de 1965)
17. “You Better Move On” (Blues in Rhythm, 9 de mayo de 1964)
18. “Mona” (Blues In Rhythm, 9 de mayo de 1964)

CANCIONES EXTRA (edición de lujo)
19. “I Wanna Be Your Man” (Saturday Club, 8 de febrero de 1964)
20. “Carol” (Saturday Club, 18 de abril de 1964)
21. “I’m Moving On” (The Joe Loss Pop Show, 10 de abril de 1964)
22. “If You Need Me” (The Joe Loss Pop Show, 17 de julio de 1964)
23. “Walking The Dog” (Saturday Club, 8 de febrero de 1964)
24. “Confessin’ The Blues” (The Joe Loss Pop Show, 17 de Julio de 1964)
25. “Everybody Needs Somebody To Love” (Top Gear, 6 de marzo de 1965)
26. “Little By Little” (The Joe Loss Pop Show, 10 de abril de 1964)
27. “Ain’t That Loving You Baby” (Rhythm And Blues, 31 de octubre de 1964)
28. “Beautiful Delilah” (Saturday Club, 18 de abril de 1964)
29. “Crackin’ Up” (Top Gear, 23 de julio de 1964)
30. “I Can’t Be Satisfied” (Top Gear, 23 de Julio de 1964)
31. “I Just Want to Make Love To You” (Saturday Club, 18 de abril de 1964)
32. “2120 South Michigan Avenue” (Rhythm and Blues, 31 de octubre de 1964)


2 de junio de 2017

CUENTOS CHINOS: THE MASKED MARAUDERS, LA BANDA GENUINAMENTE FALSA DE DYLAN, JAGGER Y TRES DE LOS BEATLES

Publicado en Revista Madhouse el 2 de junio de 2017


Se trataba del más grande disco de rock alguna vez grabado, a cargo de un supergrupo que congregaba a una buena parte de los hijos pródigos más prominentes del estilo, o bien a los más predilectos de la era. Un conglomerado de estrellas inigualable e insuperable. En algún momento de 1969 John Lennon, Paul McCartney, George Harrison, Mick Jagger y Bob Dylan se reunían en privado dispuestos a plasmar la perla de las perlas, registrando “The Masked Marauders” (algo así como “Los Bandidos Enmascarados”), el álbum ultra-secreto que tejían en conjunto.

El mayor proyecto alguna vez imaginado, la superbanda definitiva, desde aquel momento y hasta la eternidad. Galardón que seguramente seguiría ostentando hoy día, si tan sólo hubiera sido verdad y no un rumor infundado vestido de broma de mal gusto. “Álbum del año”, tal como fuera etiquetado en las críticas de varias publicaciones de la época, las mismas que desconocían por completo el enorme sapo que estaban a punto de tragarse, “The Masked Marauders” no podría haberse editado en mejor coyuntura artística. Los Beatles ya habían lanzado “Abbey Road”, Jagger se disponía a editar “Let It Bleed” junto a los Stones, y Dylan volvía nuevamente al ruedo de la mano de “Nashville Skyline”. Corrían tiempos de gloria. Los rumores indicaban que los cinco músicos habían estado reunidos reservadamente en un ignoto pueblo canadiense, cercano a la bahía de Hudson, donde grabaron las canciones que, entre versiones de clásicos y nuevas composiciones especialmente escritas para el futuro berretín (¡y con semejantes autores!), llevarían al concepto de “supergrupo”, tendenciosa idea que había comenzado a florecer a mediados de la década del 60, a su punto más alto. Claro está, de haber sido real…

BAJO LA MÁSCARA. Los primeros comentarios sobre el grupo llegaron de manos de la publicación musical Rolling Stone, más precisamente en su edición del 18 de octubre de 1969. En aquel número de la revista, un periodista especializado que respondía al nombre de T. M. Christian (misteriosamente ignoto por ese entonces) se refería a “The Masked Marauders” como un álbum doble en el cual los cinco músicos participantes habían optado deliberadamente por escudarse bajo seudónimos, en el intento de evitar toda posibilidad de problemas legales con sus respectivas compañías discográficas. Asimismo Christian dejaba en claro ante sus lectores que su crítica apuntaba a un disco del tipo bootleg, esto es, una grabación conteniendo material enteramente inédito, aún circulando fuera del mercado comercial tradicional, y con miras a una edición oficial definitiva. Adicionalmente, el disco estaba producido por el gran Al Kooper, pianista de sesión que ya había trabajado con Dylan (aquel acompañamiento fundamental de órgano en “Like A Rolling Stone”) y fuera impulsor de los recordados Blood, Sweat & Tears.

El disco abría con una versión de 18 minutos de “Season Of The Witch”, el clásico de Donovan, con Dylan en primera voz, e imitando cabalmente al autor original de la canción, seguida por Lennon a cargo de “Prisoner Of Love”, tema que cierta vez popularizaron, en sus versiones respectivas, Etta James, James Brown, Bo Diddley o Perry Como; luego Jagger y McCartney a dúo en “Masters Of War” (de Dylan), Lennon en primera voz en “The Book Of Love”, y todo culminaba con un grand finale titulado “Oh Happy Day”. Una segunda versión del álbum (las hubo en distintas variantes, y con diversos listados de temas) agregaba, o combinaba, demás rarezas como Lennon en “I’m The Japanaise Sandman”, McCartney en su canción favorita “Mammy”, Dylan en el clásico de doo-wop “Duke Of Earl” y Jagger en “I Can’t Get No Nookie”, la cual el cantante de los Stones había considerado “un nuevo clásico instantáneo”, según lo apuntado por Christian en Rolling Stone. El crítico cerraba su columna afirmando que el disco “es más que una forma de vida, ¡es la vida misma!”

LA GRAN ESTAFA DEL ROCK AND ROLL. Como no podía resultar de otra manera, dicha alianza generó una desenfrenada demanda por parte de los fans, que no veían la hora de tener entre sus manos semejante obra cumbre, que especulaba con su edición para generar mayor expectativas. Entre tanto Allen Klein y Albert Grossman, managers de los Beatles y Dylan, respectivamente, eran perseguidos incesantemente en busca de respuestas. Para entonces los Masked Marauders (“el supergrupo de tres de los Beatles, Jagger y Dylan”) ya rotaba en las principales emisoras radiales de Los Angeles y San Francisco y, días más tarde, el esperado disco colmaba finalmente las bateas de las disquerías, si bien en versión unitaria, situación que comenzó a causar cierta incertidumbre tras haber sido descripto como disco doble, y que sin embargo no evitó que se vendiera una nada despreciable cantidad de unidades que llegó a superar las cien mil copias. Y a engañar a los más de cien mil compradores que, sin siquiera sospecharlo, automáticamente se convertían en víctimas fatales de uno de los fraudes mejor confeccionados de la historia de la música popular. Fraude que no hubiera existido como tal si desde el vamos el tal T. M Christian no hubiese sido el seudónimo del que el reconocido crítico (y absolutamente real) Greil Marcus se aprovechaba para lanzar al ruedo la engañosa movida, tras extraerlo de la novela “The Magic Christian” del escritor Terry Southern, publicada en 1959.


CON UNA PEQUEÑA AYUDITA DE MIS AMIGOS (CONTRATADOS). Con un plan fríamente calculado, Marcus ya contaba en sus filas con el grupete de impostores que lo secundaban en su tragicómica coartada cuando tiempo antes se dirigió a California y, en la ciudad de Berkeley, contrató a un desconocido grupo que respondía al nombre de Cleanliness And Godliness Skiffle Band por la nada despreciable suma de 15.000 dólares, suma que había obtenido de la mismísima discográfica Warner Bros, que hasta había creado el sello subsidiario Deity para sumarse al ardid, y pura y exclusivamente para la ocasión. Para colmo los músicos de la Cleanliness and Godliness Skiffle Band (“Banda de Skiffle de la Higiene y Santidad”, je) resultaron ser unos expertos totales a la hora de imitar a la supuesta formación, tanto en lo musical como en la parte vocal. Y listo: el plan maléfico de Marcus había logrado su cometido. De hecho el disco había logrado excelentes ventas, permaneciendo en el ranking de la revista Billboard por más de doce semanas. Tal como si realmente hubiera sido procreado por sus hipotéticos maestros. Un grupo falso, con nombres falsos, sustentado por una crítica falsa, pero de auténtico éxito. ¡Bingo!

BAILANDO EN LA SOCIEDAD RURAL. No conformes con tremenda patraña (incluso casi superando aquel recordado murmullo sobre la muerte de McCartney que aún continuaba vigente tras la fresca edición de “Abbey Road”) , Marcus y sus secuaces fueron aún más lejos, reproduciendo la crítica publicada en Rolling Stone en la funda interior del álbum, a su vez potenciada por nuevos comentarios del amigo Christian (Marcus, claro) que definían a los Masked Marauders como “un artículo genuino en un mundo de farsantes, ¡bendíganse sus corazones!”. Pero no existía ningún Dylan imitando a Donovan, ni nada que se le parezca, ni había ningún Beatle, ni era Mick Jagger quien cantaba en “I Can’t Get No Nookie” (¿sinceramente podría haber tenido algún viso de realidad una canción titulada “No puedo echarme un polvo”?), a pesar de su magnífica y tan bien lograda parodia. Paradójicamente, y en un rapto de honestidad, el disco cerraba con una última pista (en rigor, un monólogo) bajo el nombre de “Saturday Night At The Cow Palace”. Un chasco más. No podía ser de otra forma con un título que refería a una jornada de sábado a la noche en el equivalente a la Rural californiana. 34 años más tarde, en 2003, la compañía Rhino Records ofrecía una edición limitada de 2000 copias numeradas bajo el nombre de “The Masked Marauders – The Complete Deity Recordings”, que hasta incluía canciones extras de las misteriosas sesiones.
Al menos para los Masked Marauders, y su círculo de engañados, cualquier semejanza con la realidad resultó ser pura mentira.