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1 de mayo de 2015

PERCY SLEDGE Y BEN E. KING. UN LUGAR EN EL FIRMAMENTO DEL SOUL ROMÁNTICO

Publicado en Evaristo Cultural el 1 de mayo de 2015


De manera sorpresiva, como generalmente suelen suceder estas cosas, y en un plazo de apenas algo más de quince días, la historia del Soul y el R&B más tradicional perdió a dos de sus figuras más representativas. Con la muerte de Percy Sledge a mediados de marzo, y la muy reciente partida de Ben E. King en el día de ayer, respectivamente los autores e intérpretes originales de ‘When A Man Loves A Woman’ y ‘Stand By Me’, de los más grandes “clásicos de clásicos” cierta vez registrados, la música popular del último siglo despide, al menos físicamente, a dos de las voces más elegantes que se puedan recordar.

Fallecido el pasado 14 de abril, Percy Tyrone Sledge (que gracias a su estilo azucarado se ganó el apodo de “Rey del Soul Lento”) había nacido en la ciudad de Leighton, Alabama en 1940, en el el seno de una familia de granjeros de bajos recursos – situación que tradicionalmente no se diferenciaba de la de la mayoría de las familias negras del sur de los Estados Unidos de aquella época – donde alternaba su trabajo rural diurno con presentaciones nocturnas en diversas fiestas locales y bailes adolescentes de la región como miembro de los Esquires Combo, grupo al que se había unido en aquel momento tras no poder rechazar una irresistible oferta de 50 dólares para unirse a la banda, y cuyo repertorio incluía canciones de Wilson Pickett, Sam Cooke, Smokey Robinson (prácticamente, el catálogo completo de la compañía Motown) y hasta de James Brown y Elvis Presley, que los Esquires Combo presentaban en los clubes del sudeste del país. Pero fue entonces que un tal Quin Ivy, dueño de una disquería y asimismo productor radicado en Sheffield, ciudad localizada en el estado natal de Sledge, quien le ofreció su primer contrato discográfico. Así las cosas, las circunstancias obligaron a Sledge a dejar al grupo atrás y entonces comenzar a registrar una serie de canciones de soul para su nueva aventura en solitario, de las cuales ‘When A Man Loves A Woman’ (originalmente planeada para los Esquires Combo y escrita por los miembros del grupo Calvin Lewis y Andrew Wright bajo el título de ‘Why Did You Leave Me’) sería la primera en editarse. Grabada en los famosos estudios Muscle Shoals de Alabama, ‘When A Man Loves A Woman’ no sólo se convertiría en la canción más característica de la carrera de Percy Sledge y en su éxito más rutilante, sino también en uno de los más destacados de la música popular contemporánea, un disparador directo al estrellato que originó ventas que superaron el millón de copias vendidas, adicionalmente convirtiéndola en el primer hit del soul sureño en lograr encabezar los rankings de ambos R&B y Pop de los Estados Unidos de la historia, y asimismo valiéndole el primer disco de oro a la discogáfica Atlantic. Dos décadas más tarde, en 1987 el suceso descomunal de la canción lograría un revival colosal al formar parte de la banda de sonido del filmPlatoon, para terminar siendo considerada “uno de los mejores 100 singles de los últimos 25 años” por la revista Rolling Stone el siguiente año. Curiosamente, tras no haber sido considerado co-autor de la canción desde el principio, Sledge jamás recibiría ningún tipo de royalties. “Fue la peor decisión que tomé en mi vida, pero no siento ninguna tristeza”, declararía al respecto.
Sledge volvería a plasmar una nueva serie de hits en años venideros como ‘Warm and Tender’ y ‘It Tears Me Up’ (en 1966), ‘Out of Left Field’ (1967) y ‘Take Time to Know Her’ (de 1968) que, si bien lejos del resultado logrado por ‘When A Man Loves A Woman’, le harían obtener certificaciones de cinco discos de oro, y dos de platino. La carrera de “El Rey del Soul Lento” continuó con altibajos hasta el año 1984, cuando editó un álbum regreso titulado ‘Blue Night’ a través de un sello discográfico francés. Tras su premiación de manos del Rock and Roll Hall of Fame en 2005, Sledge lanzaría su último trabajo en estudio, ‘The Gospel of Percy Sledge’, en 2013, falleciendo de cáncer de hígado tras una larga batalla en su casa en Baton Rouge, Louisiana, a los 74 años edad en abril del mes pasado.

Apenas dos semanas después de la partida de Sledge, la escena del Soul vuelve a sacudirse con la muerte del gran Ben E. King., más coloquialmente recordado como el autor e intérprete de ‘Stand By Me’, aquella sempiterna candidata por excelencia al Top 5 desde su aparición inicial en 1962. Nacido Benjamin Earl King en Henderson (estado de Carolina del Norte) en 1938, King emprendió su trayectoria artística en la década del ’50 como miembro de los legendarios The Drifters (originalmente The Five Crowns), grupo vocal de doo-wop y R&B que cosechó sendos éxitos de la mano de canciones como ‘Under the Boardwalk’ , ‘Save the Last Dance for Me’, ‘Some Kind of Wonderful’ y ‘There Goes My Baby’, entre otras. Y aunque su primer hit fuera el recordado ‘Spanish Harlem’ de 1961 (que incluyó en su autoría al controvertido Phil Spector), fue con ‘Stand By Me’ (inspirada en un viejo spiritual titulado ‘Lord Stand By Me’, originalmente planeada para ser grabada con los Drifters, quienes erróneamente la rechazaron), que King prestó atención a la recomendación de Ahmet Ertegun, por aquel entonces cabeza de la Atlantic Records, de volver a trabajar sobre ella junto a Jerry Leiber y Mike Stoller, la célebre dupla de compositores y productores, auténtica máquina de éxitos, que recordadamente para entonces ya habían pergeñado obras definitivas como las eternas ‘Hound Dog’, ‘Love Me’, ‘Kansas City’, ‘Jailhouse Rock’, ‘Love Potion No.9’, ‘King Creole’ o ‘Poison Ivy’, por sólo nombrar algunas de ellas) De esa forma King y ‘Stand By Me’ dominarían los charts de los EE.UU. a través de 1961, para instantáneamente transformarse en suceso inmortal hasta el día del Juicio Final. ‘Stand By Me’ también conquistaría una inconmensurable repercusión a través de los años con las casi 400 versiones de la canción grabadas por una interminable lista de artistas de géneros diversos (que incluso incluyeron a Muhammad Ali), más principalmente con la que con John Lennon plasmó para su álbum ‘Rock’n’Roll’ en 1975, y que el ex-Beatle utilizó para promocionar el disco, para terminar convirtiéndose en la cuarta canción más transmitida de la historia en las emisoras de radio y TV de los Estados Unidos, y ganándose el rótulo de clásico de clásicos. Si bien la carrera de King, al igual que la de muchos de sus colegas, se vería eclipsada por el arribo a los EE.UU.dela British Invasion promediando la década del ’60King volvería a dominar los charts en 1975 (eventualmente logrando menor repercusión) con Supernatural Thing (canción que contaba con la participación de Carlos Alomar, por aquellos años guitarrista de David Bowie), encandilando nuevamente a Ertegun, que no titubeó a la hora de volver a contratarlo para la Atlantic Records. 
King continuaría de gira durante casi toda su carrera, sin ir más lejos llegando a realizar una serie de fechas en Inglaterra en 2013, para perecer por causas naturales este último 30 de abril en la ciudad de Teaneck, estado de New Jersey, a los 76 años de edad, apenas dos semanas más tarde que su colega Percy Sledge, para juntos arrojarse a esa infranqueable inmortalidad artística que dos muy buenas canciones nunca podrán dejar de sostener.

18 de marzo de 2013

EL RETORNO DEL HOMBRE MÁS VALIENTE DEL UNIVERSO. BOBBY WOMACK. HMV FORUM, LONDRES, 27 DE NOV. DE 2012


Publicado en Evaristo Cultural en marzo de 2013

Robert Dwayne "Bobby" Womack es un cantante y compositor norteamericano que lleva más de cinco décadas de carrera en sus espaldas. Leyenda viva del soul, Womack supo también abarcar a lo largo de su carrera géneros como rock & roll, doo-bop, gospel, country y R&B.
Londres es una caja de sorpresas. Depara muchas, por cierto. Para los acólitos de la música en cualquiera de sus géneros, o los admiradores de las artes en general, designarla como una de las mecas más prolíficas en cuanto a espectáculos se refiere (y en lucha codo a codo con New York) no resulta menos que harto evidente. Ambas metrópolis ostentan dicho título, tal vez como ninguna otra. Pero es, quizás en el terreno musical, la más convocante de ambas. Por su azarosa posición continental observando al resto de Europa, y por considerarse uno de los polos artísticos más prolíficos de todos los tiempos. De alguna forma, la frase es conocida: "todo pasa por Londres". Basta con hojear un diario o revista, cualquier día, hacerlo al azar, y encontrarse con la oferta más variada en lo que a espectáculos se refiere. Situación que puede llegar a abrumar y perturbar, incluso a las plateas más sedientas, cuando la falta de tiempo juega en contra. Porque el día nunca pero nunca alcanza. Y es que en uno de esos periódicos, revistas o afiches, uno se encuentra con el notición de un show de Bobby Womack. Espectáculos que difícilmente –sino imposible– tengan lugar en nuestro país. Vamos, o en Sudamérica toda. Artistas de culto que pueden desaparecer en cualquier momento. Conciertos a los que más vale asistir, si la buena suerte que significa estar en el lugar y en el momento correcto así lo sugiere. Por eso, aquella mañana del 26 de noviembre fui a desayunar al bar a la vuelta de la esquina (bah... al restaurant de paso), como había estado haciendo casi todos los días durante mi estadía en la capital británica. Los integrantes de mi familia amiga, en cuya casa me alojaba, se despertaban muy temprano y la opción de hacerlo junto a ellos con el frío otoñal de las 6 de la mañana (digo, para no perderme el tradicional desayuno), no sonaba muy seductora que digamos. Sobre todo si uno acostumbraba a caminar la capital por un mínimo de doce horas diarias, para luego desmayarme en la cama, casi catatónicamente, una vez de regreso a casa. Todos y cada uno de los días. Más aún, si la casa estaba situada en los suburbios, unos 16 km. al norte de Central London , el centro propiamente dicho de la ciudad (me costó un tiempo aprender que los ingleses le huyen a la palabra downtown), y a casi 2 horas de buses combinados (y claro, otras dos para regresar). Aquella era otra de las tantas mañanas en el bar/restaurant, entonces. Desayuno inglés oficial sobre mi mesa: huevos fritos, tocino, salchicha, frijoles, hongos y tomate al grill. Salsas inglesas (varias) y la tostada de rigor. Una auténtica sobredosis de colesterol británico. Y una merecida recompensa para un visitante que pasó sus dos primeros días en Londres (y en mi primera visita a Inglaterra) lidiando con una indescriptible gripe estomacal que me sometió a una dieta estricta y única de té medicinal. Y a un tour permanente de 48 horas a lo largo y ancho del baño (¿hubiera sonado menos escatológico escribir toilette?), con una pequeña ventana al Londres del más allá por cuya conquista rezaba y que, mientras tanto, ahora no paraba de maldecir. Plenamente recuperado semanas después, y con la taza de café de rigor, entonces. Junto a ésta la página del diario anunciando el show de Womack al día siguiente en el HMV Forum en Kentish Town, apenas a unas cuadras de la hipervisitada área de Camden Town. Un concierto caliente en una ciudad helada en pleno otoño boreal cuando, promediando la tarde, no queda nada luminoso allí arriba, salvo la luna y las estrellas. Y a 24 horas de mi corriente desayuno. Es que Robert Dwayne "Bobby" Womack, con casi 69 años a cuestas, oriundo de Cleveland, Ohio, estaba de regreso.

Un nuevo regreso, en rigor. Uno más de sus tantos retornos, a pesar de su monumental talento como compositor, músico y cantante, si tenemos en cuenta sus innumerables desapariciones de la palestra a título de una extensa carrera plagada de todo tipo de situaciones trágicas, mala fortuna y una serie de adicciones que le depararon una no menor cantidad de zigzagueos con la muerte. Trayectoria que comenzó en 1960 como cantante de The Valentinos y, al mismo tiempo, como guitarrista del eterno Sam Cooke, una de las más finas leyendas del Rhythm and Blues, Soul, Gospel y Pop de toda la existencia, de alma y piel tan negra como Womack. Con más de medio siglo de carrera a cuestas, Womack nunca ha sido un gran vendedor de discos –prefirió ganarse la vida sobre los escenarios–, pero sí ha compuesto una buena cantidad de canciones que le valieron un podio especial, principalmente, en la hermandad musical negra de los últimos 50 años. Pero también en aquella otra audiencia, la de un público blanco cada vez más seducido, desde los tempranos años 60, por aquellos que todo lo originaron. Sin ir más lejos, fue la pluma de Womack que escribió It’s All Over Now, canción que los Rolling Stones grabaron en su segundo álbum y que, además, les valió su primer No. 1 en los ránkings británicos, superando cómodamente las propias ventas de la versión original de Womack.
Desterrado por muchos de sus contemporáneos de la escena del Rhythm’n’Blues tras contraer enlace con la viuda de Cooke al año siguiente, Womack optó entonces por oponerse a grabar muchas de sus propias canciones, en su lugar prefiriendo que las graben otros músicos, como el gran Wilson Pickett, o la mismísima Janis Joplin.
Cientos de vidas después, en 2012 Womack estaba de regreso con su nuevo trabajo de estudio, The Bravest Man in the Universe. Producido por Damon Albarn (más conocido como cantante de Blur, y uno de los factótums del proyecto de rock virtual Gorillaz) junto a Richard Russell, el fundador del sello XL Recordings, la dupla fue la auténtica responsable de rescatar a Womack de un nuevo anonimato, tal como años atrás también lo habían intentado con el poeta y músico Gil Scott-Heron. El disco gozó de una muy cálida recepción en las estaciones de radio londinenses y, masivamente aclamado, colmó ambas presentaciones de éste en Londres.
Aquella noche del 27 de noviembre, para el segundo y último de los dos conciertos, la multitud que circulaba por las inmediaciones del HMV Forum era una curiosa mezcla que reunía fans de antaño y amantes del Soul, quien aquí subscribe, entre ellos.
Tiempo antes, en las fechas de presentación del disco en su propio país, Womack ignoró casi completamente su nuevo trabajo. Pero lo pensó mejor para los shows londinenses. Habría resultado imperdonable que no lo hiciera. Para ello abrió el concierto con un set separado del que luego sería el espectáculo principal, enteramente dedicado a sus nuevas canciones (las que obvió en Estados Unidos) a modo de introducción y en plan de música electrónica (¿Soul electrónico?), segmento al cual sumó la participación de Albarn y Russell (en piano y teclados, respectivamente), más otros dos músicos, compartiendo escenario. Womack al frente, enfundado completamente en cuero rojo, y con gorra al tono, pasó la mayor parte de set sentado, quizás conciente de los problemas coronarios que lo estuvieron afectando, y de un cáncer de cólon diagnosticado recientemente.

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Apenas un puñado de canciones entonces, sólo las de
The Bravest Man..., y turno para un intervalo. En no más de diez minutos Womack retornó al escenario junto a su banda completa para iniciar el auténtico viaje al pasado que la audiencia, en su mayoría negra y colmando el teatro reclamaba –al fin y al cabo, el motivo principal de la velada– y que registraría un cambio total de atmósfera. Del íntimo y frío set inicial a la travesía directa al mundo del Soul de la segunda parte. Un ataque total de "negritud", en composé con las luces que ahora volvían a apagarse, tiñendo el Forum de oscuridad para dar paso al acto final de la noche. Esto es, "Womack, el soul brother" en estado puro. Logísticamente, el propósito de dividir el concierto en dos bloques cobró sentido, gracias a la imponente personalidad de Womack quien, a pesar de su eventual fragilidad física, asombrosamente posee un registro vocal indestructible. Cada una de las canciones representa una historia diferente de otra, así y todo amalgamadas por el clima de lucha "día a día" al que tantas veces se refirió a través de su pedregosa carrera en algunos de sus más grandes éxitos que esa noche cantó, como "That’s The Way I Feel About Cha", "Harry Hippie" o, por supuesto, "It’s All Over Now". El punto emocional más alto fue, sin duda, para "A Change Is Gonna Come", el clásico de clásicos de Sam Cooke en la cual Womack compartió la primera voz con su hija, una de las tres coristas de su grupo. "¿Pueden sentirme?", disparó a la multitud. Así, Womack no sólo se ocuparía de su mentor. El "Hombre Más Valiente del Universo" tampoco dejaría de omitir las menciones a James Brown o Marvin Gaye, rindiéndole homenaje a con frases del tipo "¡Yo aún estoy aquí!" o cuando recitó "ha sido difícil vivir pero temo morir", antes de recibir una ovación demoledora y, con la ayuda de un asistente, abandonar el escenario para fundirse en un abrazo con Albarn. Y encandilar a una audiencia que lo esperó por años, que tal vez fueron demasiados y bastante hostiles, pero no lo suficiente como para poder con su osada valentía.